Nadal y Federer en la gran final

La hora de la venganza sonó para Roger Federer, que se mide hoy en la final del torneo de tenis de Wimbledon al hombre que le infligió cuatro derrotas en tantos encuentros desde el principio de la temporada, el español Rafael Nadal.

El más doloroso de estos fracasos se remonta a un mes, sobre la tierra batida de Roland Garros. El suizo, que sólo debía ganar un partido más para sumar al mismo tiempo los cuatro títulos de Grand Slam, se vio superado en la final. El quinto acto se desarrolla en el terreno favorito del N.1 mundial, la hierba. Invicto sobre la superficie desde hace 47 partidos, marca batida al inicio del torneo, Federer intentará adquirir su cuarto título consecutivo en el Grand Slam sobre césped, una hazaña que sólo Pete Sampras (1997-2000) y Bjorn Borg (cinco veces de 1976 a 1980) lograron si se excluye la prehistoria del torneo (antes de la Primera Guerra Mundial).

Federer, de 24 años, ha ido deslumbrando en sus seis primeros partidos. No ha perdido el menor set cuando se le prometían momentos difíciles contra Richard Gasquet, Tim Henman, Tomas Berdych o incluso Mario Ancic. Con su servicio, su revés y sobre todo sus aceleraciones de derechas que nadie llega a devolver sobre el césped, posee todas las armas para salir victorioso ante no importa qué adversario sin incluso tener que subir muy a menudo a la red. A menos que Nadal pruebe lo contrario. Puro especialista de la tierra batida, el español no se esperaba alcanzar tan pronto la final de Wimbledon. Con 20 años, se había dado al menos tres temporadas para brillar sobre la superficie que a priori menos le conviene.

Pero gracias a su fenomenal voluntad de superación, asombró a todo el mundo, incluido él mismo, sobre todo a partir de su victoria sobre el prejubilado Andre Agassi en la tercera ronda.

Sobre la hierba, Nadal no modifica básicamente su juego. Sus armas favoritas siguen siendo su golpe de derechas y su formidable eficacia en defensa. Al añadir un poco de ‘slice’ en el revés y una pizca de subida a la red para abreviar algunos intercambios, sólo cedió dos sets, en la segunda ronda contra Robert Kendrick, un estadounidense clasificado más allá del 200º mundial que tiene la particularidad de utilizar sistemáticamente el servicio-volea.

Federer tiene la costumbre de batir a sus adversarios con su propio juego, pero este método no le salió bien en sus anteriores confrontaciones con Nadal. Quizás preferirá sorprender al español buscando la red lo más a menudo posible, a la manera de Kendrick, pero con infinitamente más talento. Habida cuenta de su pasado sobre el césped y de la inexperiencia de Nadal sobre la superficie, el suizo será el gran preferido de la final. Queda por saber qué peso jugará el factor psicológico.

En siete encuentros, el N.1 mundial sólo ha sido capaz de derrotar a su perseguidor en la clasificación ATP una vez, en Miami en 2005. E incluso entonces, se vio con 2 sets a 0 y 4 juegos a 1 por debajo en el marcador antes de lograrlo.

De las seis victorias del joven español, cuatro han tenido lugar sobre la tierra batida, pero también dos sobre pista dura. Para Federer, es el momento o nunca de barrer la hipótesis de un complejo Nadal.

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