Klinsmann, la clave de la revolución alemana
Más incluso que su capitán y jugador-estrella Michael Ballack o que su temible goleador Miroslav Klose, el seleccionador Jürgen Klinsmann es el hombre-clave en el recorrido de Alemania en el Mundial-2006.
El martes en Dortmund, Klinsmann, de 41 años, se reencuentra con Italia, rival con un fútbol en el que jugó con las camisetas del Inter Milán y la Sampdoria de Génova, pero que le pudo costar su puesto de seleccionador. Su última cita con la selección italiana no fue positiva: los alemanes fueron humillados y el técnico afirmó entonces que era más una derrota que una humillación.
Desde febrero y esa noche catastrófica de Florencia, Klinsmann no ha cambiado nada respecto a sus métodos y su discurso, pero ha accedido a su estatuto de héroe en Alemania. Gracias a sus cinco victorias consecutivas desde el 9 de junio -algo nuevo para Alemania en una fase final de la Copa del Mundo-, la joven «Klinsmannschaft» ha legitimado las reformas radicales, iniciadas desde agosto de 2004.
El rejuvenecimiento a marchas forzadas ha dado sus frutos: el equipo que inició el encuentro contra Argentina (1-1 tras prolongación, 4-2 en los penales) tenía una media de 26 años y medio, pese a la presencia en la portería del veterano Jens Lehmann, de 36 años.
«Durante el encuentro», insistió Klinsmann con orgullo, «había cinco jugadores que podrían estar todavía en la selección alemana Sub-21″, en referencia a Lukas Podolski, David Odonkor, Per Mertesacker, Bastian Schweinsteiger y Philip Lahm. Klinsmann seleccionó a estos jóvenes para dar un nuevo estilo al fútbol alemán: «un juego rápido, que va hacia adelante, con compromiso y agresividad», repitió.
La operación de cambio, minuciosamente programada con un ejército de consejeros, psicólogos y preparadores físicos, preveía también poner el acento en la preparación física y táctica.
«La condición física de los jugadores alemanes se ha degradado profundamente», se lamentaba Klinsmann desde su llegada al cargo, añadiendo otro mal alemán: «sólo se mueve el que lleva el balón y el resto suele quedarse quieto».
Con el aporte de métodos de entrenamientos y de especialistas llegados de Estados Unidos y de deportes profesionales norteamericanos, «Klinsi» dispone, según sus propias palabras, «del equipo más concienzudo del torneo». Klinsmann ha logrado llevar a su puesto de seleccionador sus ganas de vencer que tenía cuando era jugador, desembarazándose de la fama que le acompañó siempre de individualista y de carácter complicado. El resultado, un gran espíritu de equipo simbolizado por la imagen de un técnico que felicitaba y abrazaba a sus jugadores tras la clasificación a semifinales, después de ganar a Argentina.
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