En la embajada alemana ayer cantó Gardel: Adiós muchachos…"

«Adiós muchachos, compañeros de mi vida, barra querida de aquellos tiempos. Me toca a mí hoy emprender la retirada, debo alejarme de mi buena muchachada. Adiós muchachos. Ya me voy y me resigno…», la voz de Carlos Gardel se levantó ayer en medio de los gritos en alemán y los festejos en la habitualmente silenciosa embajada alemana al término del partido donde trabajosamente el seleccionado tricolor despidió a su par albiceleste de la Copa del mundo.

El director del Instituto Goethe, Mikko Fritze, con la cara pintada con los colores de la bandera alemana y con una camiseta del seleccionado sobresalía sobre un grupo de residentes alemanes que ayer dieron rienda suelta a la alegria contenida tras la tanda de penales.

Alemania se sacó de arriba a un rival peligroso y de temer que ya le había ganado una final y que aparecía ante los ojos de los especialistas como una de las favoritas para llevarse la copa.

Ayer, como lo ha venido haciendo en todo el transcurso de la copa, la embajada alemana se abrió a quien quisiera, para ver los partidos en los que la selección fuera animadora.

Pero ayer consciente de que se estaba jugando una final anticipada la fiesta fue diferente. La platea del salón de fiestas de la embajada de la calle Cumparsita lució muy distinta a otros partidos: silbatos gritos y aliento como si estuvieran en la misma tribuna del estadio de Berlin.

Los gritos alentando a los jugadores y el coro «deutschland» llenaron el espacio que solo fue silenciado cuando Ayala encontró el camino del gol de Argentina. Un frío corrió por la espalda de muchos, incluido el embajador. Una única voz femenina se alzó tímidamente: la esposa del director del Goethe es argentina y allí, en territorio alemán estaba con una bandera en sus manos.

Después, la tensa espera, morderse las uñas y mientras la cerveza corría en la platea de la calle Cumparsita, las botellas se caían, los suspiros y gritos apagaban cualquier otra manifestación hasta que llegó el gol de Alemania y de ahi la explosión.

Después, los penales y Lehmann se transformó en el muro de Berlín que encontró Argentina. Festejo alemán y Gardel desde un disco cantó Adiós Muchachos

Mientras, los uruguayos, que miran el mundial por tevé, se dedicaron a jugar al futbolito.

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