Australia vive y apuesta a la "magia" de su entrenador

«Â¡Es un mago!», repite con frecuencia el capitán de Australia, Mark Viduka, refiriéndose al entrenador holandés Guus Hiddink, que aupó a los «Socceroos» a octavos de final de la Copa del mundo de fútbol en su segunda participación en el torneo.

El director técnico, de 59 años de edad, que había alcanzado las semifinales de los dos últimos mundiales, con Holanda y Corea del Sur, respectivamente, se ha convertido en el nuevo héroe de los «aussies», que esperaban este momento desde hacía 32 años, cuando cayeron en la primera ronda en Alemania 1974. El ex «míster» del PSV Eindhoven alcanzó el rango de semidiós en Corea del Sur tras el desempeño de su selección en el Mundial asiático de 2002. Al punto que, Doetinchem, su ciudad natal en Holanda, se ha convertido en lugar de peregrinaje para los coreanos que llegan al país de los tulipanes tras los pasos del técnico.

Ahora, la leyenda se va gestando en el país de los canguros. Sus jugadores cantan loas a Hiddink, «Cuando la presión se vuelve enorme, toma las decisiones adecuadas. ¡Es un genio!», exclama con admiración el defensa Lucas Neill.

«Con él, tenemos la experiencia de nuestro lado, sabe utilizar a los jugadores adecuados en cada momento», afirma Viduka. El olfato de Hiddink quedó en evidencia el pasado jueves al alinear como titular al delantero Harry Kewell, quien marcó el gol del empate ante los croatas (2-2), que significó la clasificación a la sigueinte instancia.

Pero, tras cambiar los hábitos de sus jugadores e imponer su concepto de «fútbol total» las cosas cambiaron. Al punto que después del encuentro con Croacia diría: «Es un equipo muy fácil de dirigir, que no abdica nunca».

Sin embargo, el romance entre Hiddink y los ‘Socceroos’ tiene fecha de caducidad. Tras el Mundial el entrenador se irá a Rusia para escribir una nueva página en su carrera de trotamundos.

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