Una ceremonia sobria, corta y emotiva
El ‘rey’ Pelé y la ‘reina’ alemana de la belleza, la modelo Claudia Schiffer, enarbolaron ayer la Copa del Mundo en una austera, colorida y folklórica fiesta inaugural del Mundial de fútbol Alemania-2006 en el estadio Allianz Arena de Múnich.
Vestidos de rigurosos trajes oscuros, se diseminaron a su alrededor en pleno césped estrellas futbolísticas de todos los tiempos e integrantes de los planteles ganadores de la Copa, aunque faltó a la cita el argentino Diego Maradona, quien no pudo llegar a tiempo al escenario.
Unas 66.000 personas en las graderías de esta joya de la arquitectura deportiva ovacionaron el ingreso de los monarcas y celebraron efusivamente el homenaje a todos los campeones mundiales de la historia del balompié profesional.
Niños vestidos con las camisetas de Alemania (1954, 1974 y 1990), Argentina (1978 y 1986), Brasil (1958, 1962, 1970, 1994 y 2002), Francia (1998) Italia (1934, 1938 y 1982), Inglaterra (1966), Uruguay (1930 y 1950) rindieron tributo a las selecciones que ganaron los títulos.
«Es tiempo que esto se mueva (‘Zeit dass sich was dreht’)», cantó el popular cantante alemán Herbert Gronemayer, al entonar la estrofa principal y el nombre del himno creado para el Mundial, seguido a coro por la multitud.
El cuarteto de tenores Il Divo interpretó la canción oficial del campeonato, «El momento de nuestras vidas (‘The time of our lives’)» y el presidente alemán, Horst Koehler, un ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI), dio la bienvenida, sonriente, en varios idiomas, desde una tarima.
A su lado aplaudían el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, y el ‘Kaiser’ Franz Beckembauer, campeón en el Mundial Alemania-74 y presidente del Comité Organizador.
Erguido con su porte de caballero de la corona británica estaba el inglés Bobby Charlton, campeón en el Mundial Inglaterra-66, que inició el desfile de estrellas del pasado.
Los ex futbolistas se mezclaron con jóvenes y niños que bailaban al ritmo de canciones tradicionales de Baviera. Unos 150 integrantes de los campeones mundiales estuvieron invitados a la celebración de la fiesta mundialista, completada con fuegos artificiales y audaz versión de la novena sinfonía de Beethoven interpretada por 150 bateristas.
Los orgullosos uruguayos campeones de Brasil-50 estuvieron representados por Edgardo Alcides Ghiggia, autor del gol del triunfo (2-1) sobre los verdeamarillos, el día que enmudeció el Maracaná.
Voluntarios hacían repicar enormes campanas y jóvenes invitaban al público a bailar hip hop en las tribunas, mientras que paños rojos se desplegaban sobre el campo con fuerte impacto visual, como aperitivo del partido de apertura entre Alemania y Costa Rica.
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