El libro del picaflor
—Picaflor, ¿qué me cuenta del escándalo que se armó en Italia?
–Nada nuevo bajo el sol. Aunque usted no lo crea, el sábado a las diez de la mañana, aproximadamente, sonó el teléfono en la casa del Troquílido. Un señor, que se identificó como «uno de los ocho» de Estadio Uno, advirtió al plumífero que leyera una nota publicada en el diario El País relacionada con la transferencia de Fabián Carini al Inter de Italia. A las doce, El Picaflor fue a la feria como todos los sábados y uno de los feriantes le advirtió de la noticia que cayó como una bomba en Montevideo. Con total honestidad, para el Troquílido no es ninguna novedad. El tiempo, ese gentilhombre, se encargará de hacer justicia y valorar el aporte de éste a la afición deportiva.
–O sea que usted no se sorprendió.
–Para nada. El Picaflor ha investigado muy de cerca todos los movimientos que ha hecho Paco Casal en materia de transferencias. Ha logrado inmiscuirse en ese mundo donde lo único que interesa es el dinero, sacar guita de Europa transitoriamente para Montevideo –a la cuenta de los clubes– que luego es reenviado nuevamente a Suiza o a otros paraísos fiscales. La gente cree que Paco Casal vende jugadores de fútbol; craso error, el Paco hace colocaciones financieras, ha movido cientos de millones de dólares y ha sido un hombre de palabra.
—¡No me diga que usted también hizo las paces con el Paco!
–Nada que ver. El Picaflor lo que le está diciendo es que Paco Casal siempre que se comprometió con los dirigentes europeos, emisarios, intermediarios, managers, gerentes deportivos de los clubes de que les iba a dar su recompensa por «inflar» los pases de los futbolistas uruguayos, cumplió fielmente con su palabra. Esta ha sido su única virtud como empresario. Se ha dado el lujo de vender a cada «pata dura» de novela, jugadores de medio pelo en decenas de millones de dólares que nunca jugaron en los equipos que hicieron semejantes desembolsos financieros y muchos «se comieron la pastilla» como dice el «Quique» Yanuzzi. El día que la Justicia investigue en profundidad los negocios de Paco Casal, la guita que ha venido al país y ha salido como una estampida a paraísos fiscales, ese día, verán que las denuncias del Troquílido no eran bombas de estruendo y tenían fundamento.
–¿Usted cree que ese día va a llegar?
–¡Por supuesto! Despacito y por las piedras. El Picaflor tiene la convicción de que ese día está más cerca de lo que muchos piensan. Por ejemplo, sería bueno que la Justicia italiana o la uruguaya –¿ por qué no?– investigue a Luciano Moggi y le levanten el secreto bancario a sus cuentas en el exterior. Capaz que se llevan una sorpresa. ¿Acaso usted cree que Paco Casal le metió la pesada al vicepresidente del Inter, Rinaldo Guelfi de puro guapo que es? Lo hizo porque el Guelfi también mordió la manzana anteriormente en negocios inexplicables que Casal hizo con el club milanés. El ejemplo más claro fue el pase de Horacio Peralta, que fue adquirido por el Inter de Milán en diez millones y medio de dólares, nunca jugó un partido en ese club y ahora está en el Flamengo de Río, luego de haber deambulado por el Cagliari, el Albacete de España, un club suizo de cuarta categoría. ¿Usted cree que Inter pagó esa fortuna por Peralta por sus condiciones futbolísticas?
–Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía, ¿no?
–Por supuesto. Dicen que en Italia tienen la grabación de esa conversación entre Casal y Luciano Moggi, pero El Picaflor le puede adelantar que si la Justicia tiene otros registros de negocios de Paco con clubes italianos, este es el comienzo del fin del imperio. Tanta soberbia e impunidad hasta que un día se termina. *
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