Argentina es más, pero ?qué Uruguay encontrará en su camino?

Una revancha que será determinante, con los dos heridos y la sangre en el ojo

LA REACCION AL IR EN DESVENTAJA

En los tres primeros partidos de los celestes, éstos estuvieron siempre en ventaja antes de los quince minutos de juego lo que, sin lugar a dudas, significa una enorme ventaja. Después, aun con los altibajos que mostró el equipo, producto de una preparación deficiente, igual se las arregló para sostener esa diferencia a su favor, en todas las ocasiones con angustia (el segundo tiempo frente a Perú, los últimos minutos ante Bolivia y todo el encuentro con Paraguay). Siempre será más fácil mantener un tanteador a favor que tratar de recuperarse de uno en contra.

Sin embargo, Uruguay vivió esa experiencia negativa con Argentina, que le ganó el primer tiempo con aquella volea de Cambiasso, y pudo sobrellevarla en el complemento, cuando Olivera y Coelho dieron vuelta el resultado. Pese a ir perdiendo, aquella formación compatriota –distinta a la última– nunca se desordenó y actuando con fibra y decisión se llevó la victoria, impensada antes de la lucha dada la cantidad de suplentes que puso en el campo Víctor Púa.

No sucedió lo mismo el miércoles. Cuando Gutiérrez anotó el excelente gol de apertura, nuestra selección acusó notoriamente el golpe, desordenándose totalmente pese al afán de todos por intentar recuperar el balón, manejado con destreza y seguridad por los trasandinos. Los celestes corrieron a lo loco, llegando siempre tarde y muchas veces, por esa razón, golpeando. Así se llevaron tarjeta amarilla Callejas y Rariz, siendo ese detalle fatal en el caso del primero, que al reiterar infracciones en el segundo tiempo sufrió su segunda expulsión en el certamen. De todos modos, el sorpresivo golazo de Coelho –Chile era muy superior cuando llegó el bombazo del artiguense– determinó el empate y la esperanza cierta de la posibilidad de encontrar la línea de juego que se había perdido luego de aquellos diez minutos iniciales en los que se había superado notoriamente a los chilenos en el trámite del encuentro, aunque sin acertar en la definición, como ya comentamos ayer.

Pero no hubo nada de eso y sí un gran fiasco. A los dos minutos Tapia derrumbó las ilusiones celestes con el segundo gol y el golpe fue mayor aún al hacerse expulsar Callejas poco después. En esta oportunidad no tuvimos el poder de reacción necesario y pretendimos llevarnos por delante a un rival que estaba tranquilo y seguro en la cancha y que nos dio una lección de cómo hay que jugar cuando se tiene un hombre de más. Uruguay se regaló, se fue descontrolando cada vez más con el paso de los minutos y las conquistas que fue sumando el rival, hasta terminar concretándose la goleada. Nos faltó serenidad para comprender que estando abajo 2 a 1 y en inferioridad numérica, lo criterioso era recomponer la defensa y tratar de contragolpear, en lugar de dejarle el camino libre al adversario para que nos matara con la misma arma. No se tuvo en cuenta que la diferencia de goles es trascendente en este tipo de torneos cortos, e incluso corrimos el riesgo de más expulsiones, que no se hicieron efectivas porque el sargento Daniel Giménez fue bastante contemplativo con los muchachos uruguayos.

ES HORA DE AUTOCRITICA

En el fútbol en general, y en el uruguayo en particular, no es frecuente la práctica de la autocrítica, elemento que entendemos indispensable para que cada uno de los protagonistes se ubique en la realidad, lo que siempre va a facilitar su rendimiento a la hora de la competición.

Los equipos de Víctor Púa y el profesor Jorge Franco se han caracterizado siempre por ser medidos, tanto en sus declaraciones a la prensa como en los actos privados, en la convivencia y el relacionamiento mutuo, así como en no subestimar nunca a los enemigos deportivos. Sin embargo, y aun admitiendo que podemos estar equivocados en lo que vamos a comentar, nos pareció que hubo cierta dosis de eso tan peligroso y destructivo que es la subestimación.

?Qué nos hace pensar eso? La forma en que perturbaron a los celestes los contrastes iniciales.

Fue como si hubiera pasado algo imposible de comprender, como si los trasandinos, a los que se les llegó fácilmente al comienzo del encuentro, osaran ponerse en ventaja y, no conformes con eso, volvieran a hacerlo tras el empate uruguayo. No sé, a lo mejor es una impresión falsa, pero no vemos justificación a tanta rabia, a esos nervios alterados que derivaron en golpes y que, de no mediar la intervención de Giménez al término del cotejo, hubieran derivado en una gresca general ambientada por esa bronca terrible que ganó a los nuestros.

Ojalá estemos equivocados, pero llevamos bastante tiempo en esto del fútbol.

OTRA VEZ ARGENTINA, Y ES A MUERTE

Hoy toca el turno a la revancha del clásico rioplatense, que será muy diferente al partido anterior, porque en esta ocasión el que pierda quedará fuera de posibilidades de clasificación. Argentina está golpeada, aunque sabe que todavía cuenta con buena chance de ir a Australia.

En este cuadrangular perdió con «el dueno del circo» al cabo de un encuentro vibrante en el que los albicelestes cumplieron buena gestión, protagonizando un primer tiempo que fue lo mejor de este Preolímpico. Están con la sangre en el ojo y tienen material como para tomarse el desquite ante una formación celeste que también está herida y anhelante de recuperación.

Será una batalla, con resabios de Malasia y de Cascavel, que esperamos cuente con un arbitraje acorde a la importancia del compromiso, que evite lo que puede ser, con un juez sin autoridad y jerarquía, un espectáculo denigrante para el fútbol sudamericano.

Para nosotros, Argentina es favorita a favor de sus mejores individualidades, más hechas a compromisos de competencia internacional de primer nivel, ante una selección celeste que se mueve en base a impulsos aislados y un gran fervor, sin funcionamiento colectivo salvo en pasajes esporádicos y que ha demostrado una manifiesta irregularidad. Pese a ello, esa misma irregularidad hace que siempre sea impredecible el rendimiento celeste, y a ese endeble argumento, sumado a que estos enfrentamientos siempre son diferentes por la rivalidad de toda la vida que mantienen estas casacas, cabe aferrarse para sostener la esperanza de otro triunfo uruguayo esta tarde. Es poco, pero….

BRASIL DEBE GANAR CON COMODIDAD

Si bien Chile sorprendió con la goleada que nos impuso, lo más probable es que Brasil lo supere claramente, pese a que empataron en la ronda inicial. Ahora los nortenos han recuperado su fútbol de vértigo, con técnica en velocidad, relampagueante, con un gran porcentaje de sorpresa y una eficacia demoledora y eso parece hacerlo inalcanzable en el continente.

Para nosotros, el brasileno es el mejor fútbol del mundo. Sus hombres juegan en el sentido literal de la palabra, se divierten, pero el lirismo lo dejan de lado cuando entran al área rival, donde matan con hombres como Ronaldinho Gaúcho, Edú y Alex, valores de categoría mundial. Además, como si todo eso fuera poco, son locales, cuentan con el apoyo infernal de su «torcida» y están con viento a favor, lo que en el caso de los brasilenos, «pizarreros» de raza, es importantísimo.

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