TAMBIEN SE LLEVAN JUGADORES JUVENILES DE OTROS CONTINENTES

Agentes: las "sanguijuelas" de Africa

Cada año, miles de jóvenes futbolistas africanos abandonan sus países a ciegas, crédulos y desesperados, arrastrados hasta Europa por agentes sin escrúpulos que les prometen una carrera tan fulgurante como lucrativa, antes de abandonarlos a su suerte como clandestinos.

La Federación Internacional de Fútbol (FIFA) y las federaciones nacionales intentan regular la profesión de agente de futbolistas, pero queda mucho por hacer. Casi 2.800 personas o sociedades tienen licencia federal pero otros miles actúan sin control con la complicidad de los clubes.

«Cualquiera puede ser agente: un pariente, abogados corruptos, entrenadores sin escúpulos», dice el francés Claude Leroy, seleccionador de la República Democrática del Congo (RDC), que lucha contra lo que llama «mercaderes de esclavos», «negreros».

La cadena de transmisión entre jugadores y clubes es tan larga que todo está permitido. En los torneos juveniles internacionales se congregan agentes y cazatalentos pagados por equipos pudientes que buscan el diamante en bruto.

Tom, que trabaja en Francia para el Tottenham Hotspurs inglés, toma notas sentado en las gradas durante el torneo de Montaigu.

A él sólo le interesan los jugadores de Costa de Marfil, aunque pierdan contra Italia.

«Los italianos son demasiado caros, incluso con 15 años. Tienen que ser realmente superiores a los ingleses para que valgan la pena. Los africanos, por el contrario, cuanto más jóvenes más baratos», dice. Ese día, el número 8 y el 18 de Costa de Marfil llaman su atención. «Si un chaval me gusta, llamo al corresponsal del Tottenham en Africa y él envía a uno de sus enlaces locales para hacer la transacción», explica.

Suele ser ahí donde el asunto se complica. El agente local, para cerrar el trato, promete más de lo que puede cumplir: una prueba, un salario, una carrera como la de Drogba.

Una vez en Europa, son pocos los clubes descontentos que pagan el billete de vuelta o se ocupan de un lesionado, y aún menos los adolescentes que regresan con las manos vacías y avergonzados. La mayoría prefiere vivir sin papeles, esperando que algún día ese país que les ignora les dé una oportunidad.

A sus 15 años, Arsene Adom, mejor N.10 marfileño de su edad, ha tratado con decenas de agentes. «Cuando eres bueno, te pagan el viaje pero otros te piden dinero para los pasajes, visados y a veces hasta 1.500 euros», cuenta.

El año pasado, en el torneo de Montaigu varios cameruneses, seducidos por un agente, huyeron de noche y uno de ellos nunca más volvió. Entretanto, el agente debió pasar varias veces por caja en oscuros clubes de aficionados, los únicos que pueden arriesgarse a tener jugadores en situación irregular.

Pagan justos por pecadores. André Ntoma, un congoleño licenciado en Francia, no tiene estrellas en su ficha pero tampoco clandestinos en su conciencia. «Primero pregunto por la situación administrativa. Si es imprecisa, no sigo», explica.

Aunque tampoco critica a quienes asedian a los jugadores en hoteles y partidos. «Están en su derecho de intentar ficharlos. Es la ley del mercado, la competencia. Pero lo que es intolerable es vender ilusión a un precio tan alto», dice. *

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