¿Qué pasa con el Tony?
Por Enrique Yanuzzi
Desde aquel momento que lo vi jugar en la quinta de Peñarol, supe que se trataba de un jugador diferente.
Distinto. Es el jugador de potrero, el que hace un amague, el que nació con la pelota abajo de la suela, el que hizo mil paredes con el cordón de la vereda, el que seguramente en su época de botija en el Baby del Unión Vecinal provocaba que el entrenador le gritara:»Â¡largala Tony!». Qué la va a largar, si su vida es andar con ella, la pelota.
Antonio Pacheco tiene la virtud, casi única, que sólo vi en grandes como «Ciengramos» Rodríguez o Julio Giménez. En el mano a mano toca la pelota hasta dos veces antes de que el defensor pueda reaccionar y marcarlo. De esas el Tony tiene mil, me parece verlo quebrar ante la salida de un defensor grande, con esa magia que sólo tienen los elegidos.
Todo esto no es un regalo para Pacheco, no se trata ni siquiera de admiración, es la realidad que por lo menos uno recogió de un jugador de 24 años, que juega desde hace siete años en primera división. En donde ganó cinco campeonatos, en donde cada vez que tuvo que definir en partidos límites, llámese clásicos, partidos definitorios, partidos por copa, siempre dijo presente con su calidad indiscutida y su personalidad.
Hoy la realidad marca una cruda verdad, Pacheco no juega. Está entrenando de lunes a viernes en Los Aromos y los fines de semana no tiene partido.
Cuando se anunció la venta del pequeño gran delantero a un desconocido holding –así lo publicitó el presidente del CA Peñarol– dije desde estas páginas que me parecía muy poco un millón doscientos mil dólares por su traspaso. Esto lo afirmo después de un fácil razonamiento: si por cinco jugadores de Nacional, todos ellos muy buenos jugadores, se pagó diez millones de dólares, el Tony por lo menos debió ser negociado en dos palos verdes.
Ahora resulta que Pacheco no juega, el desconocido holding no está afiliado a ninguna liga y se puede estar determinando un deterioro grave para un jugador joven con un futuro enorme aquí o en cualquier parte en donde pueda jugar.
Para completar esta dramática historia, Pacheco nunca tuvo una oportunidad de actuar en la Selección, otros sí tuvieron un montón y no caminaron. De buenas a primeras, se queda afuera de la selección y eso debe haber sido un duro golpe.
No me sirve el argumento que seguramente se puede utilizar partiendo de la base de que Pacheco no juega. Por ejemplo, Otero hacía tiempo que no jugaba y se le convocó para colocarlo de titular.
Hoy que Pacheco está sin «laburo» fijo, todos aquellos que estamos unidos por la pasión de ver jugar bien al fútbol, deseamos fervientemente su vuelta a la cancha, con su amiga la pelota y que los del desconocido holding, resuelvan rápidamente antes de destrozar la carrera de un estupendo jugador.
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