Con Da Cunha volvió a morir el fútbol

El día sábado la barbarie cobró una nueva vida y con el asesinato perpetrado, todo el fútbol uruguayo murió un poco. Nuestra sociedad está enferma de violencia, y eso no es nuevo, pero aunque parezca mentira, una tribuna deportiva sigue siendo un refugio para canalizar la violencia. Todos vemos que la droga es el pan nuestro de cada día, pero a través de una tribuna deportiva se comercializa la mercadería. No creemos, lamentablemente no creemos en las buenas intenciones de algunos dirigentes. En nuestro fútbol hay apoyo logístico a la violencia. Y a esta altura hay verdaderos estigmas. Es muy difícil ser hincha de Rentistas, pero tampoco es fácil ser de Cerro, pues si no sos violento la situación te lleva.

¿A que tribuna del estadio puede ir un hincha sano de Cerro cuando juega contra Peñarol?

¿Qué camino tiene que tomar un hincha sano de Peñarol para llegar al estadio cuando juega contra Cerro?

No es fácil la situación tal como esta planteada, son muchos años de siembra y la cosecha es lamentable.

Si la parcialidad de Cerro canta orgullosa que en dos semanas hará diez años que asesinaron infamemente a Tosquella, ¿de que estamos hablando?

Cuando la parcialidad aurinegra entona orgullosamente el canto que se refiere «cuando matamos a una gallina», en alusión a aquel degüello previo a un clásico.

Cuando en el partido Nacional – Maracaibo la mayor bandera de la noche hacia referencia a Peñarol, y nadie se preocupó de hacerla descolgar, ¿cómo haremos para desactivar esta bomba?. La semana pasada hubieron incidentes en pleno palco en Cerro – Rampla, inconvenientes en el partido de tercera a mitad de semana, y todo lo acontecido en el encuentro con Peñarol, ¿y Cerro institución no tiene nada que ver?

Cuando Damiani en su audición se preocupa mas por los puntos que necesariamente y lógicamente deberá perder, que de la integridad física de hasta sus propios hinchas, ¿qué podemos esperar?

Nuestro fútbol esta muerto dentro del terreno, no jugamos a nada, somos un desastre en cuanto a nivel deportivo.

A eso le sumamos que es de alto riesgo la concurrencia a varios partidos de fútbol de nuestro medio, no solamente por lo que pasa dentro del estadio, sino que lo peor es lo que acontece fuera.

Y como frutilla en la torta los dirigentes de nuestro fútbol en muchos casos no están a la altura de las circunstancias, y no pueden parar ya lo que es una «bola de nieve».

Con las puñaladas a Da Cunha, nuestro fútbol, pero más que nada nuestra sociedad, fueron heridos de arma blanca. *

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