Revólveres, droga en un partido; la denuncia duerme en un cajón
Para algunos dirigentes de fútbol la muerte de Héctor Da Cunha fue un hecho accidental y es el reflejo del momento especial que sufre la sociedad uruguaya. Quieren sacarse el fardo de arriba de todos modos, patear la pelota lejos para evadir responsabilidades. Los hechos en cambio los condenan.
En oportunidad del partido Cerro-Nacional, jugado el pasado 26 de febrero en el Estadio Luis Tróccoli, la Policía en un procedimiento decomisó dos revólveres, uno calibre 38 (arma de reglamento que usa la Policía) y otro 22. Las dos personas fueran detenidas dentro de un auto y se les decomisó además de las armas, una cantidad determinada de drogas.
El caso pasó a la Justicia Penal pero las autoridades de la Jefatura de Policía remitieron el parte oficial a la AUF para que la misma procesara, en sus órganos competentes, las medidas disciplinarias que pudieran corresponder.
Los dos parciales fueron identificados como hinchas del Club Nacional de Fútbol.
La Mesa Ejecutiva de Primera División tomó cartas en el asunto, acusó recibo del parte policial y derivó el expediente al Tribunal de Penas de Primera División.
Increíblemente, la grave denuncia aún no ha sido instruida por el órgano jurisdiccional según reconoció el propio presidente, doctor Leonardo Goicoechea en la víspera, ante una consulta puntal sobre el caso. La misma hace 15 días que duerme en un cajón de un escritorio. ¿ Por mandato de quién?
El presidente del Tribunal de Penas dijo que le llamaba la atención que, a 15 días de haber ocurrido este procedimiento de la Policía, la denuncia aún no hubiera llegado a sus manos. «Quizás que mañana (hoy) martes, llega la denuncia. Por ahora no hemos recibido nada relacionado con este partido», comentó el doctor Goicoechea.
En oportunidad del partido Cerro-Sportivo Cerrito, barras bravas de este último, hirieron de bala a cuatro parciales albicelestes. Los dirigentes hicieron un pacto de silencio para no denunciar el hecho que tuvo testigos en plena vía pública.
El año pasado, en oportunidad de otro partido entre Peñarol Cerro, en el Estadio Centenario, un menor de edad fue herido de bala en la cabeza. Un mayor, fue herido de bala en una pierna. Los dos eran hinchas de Peñarol. Fueron atendidos en Emergencia del Hospital de Clínicas. El hecho tomó estado público en la prensa, sin embargo, los integrantes de la Mesa Ejecutiva, resolvieron no enviar los antecedentes al Tribunal de Penas -que no puede actuar de oficio- y la impunidad volvió a concretarse por mandato de los dirigentes que presionaron para que el Tribunal no interviniera.
Si los dirigentes de fútbol hubieran actuado correctamente y Héctor Da Cunha hubiera conocido la gravedad de estos hechos de violencia que se han registrado impunemente en los alrededores de las canchas, con la protección de los dirigentes de fútbol, quizás no hubiere llevado a su esposa e hijo el pasado sábado al Centenario. Y su muerte, tan injusta como lamentable, quizás, se podía haber evitado. *
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