El libro del Picaflor

Picaflor, ¿qué novedades tiene para hoy?

— Una historia increíble, muy jugosa que ocurrió el pasado sábado en el pago del Mago Carlos Gardel.

¿Anduvo por Tacuarembó?

— Lamentablemente, no. El Picaflor estuvo en Rocha pero tiene a sus amigotes, colaboradores que están siempre con el calderín en la mano para pasarle cualquier información.

Cuente, cuente.

— La tarde en Tacuarembó estuvo sensacional. Un calor infernal. Llegaron cientos de allegados de Peñarol para ver el debut oficial del equipo de Luis Garisto y por supuesto que también acompañaron a la delegación dirigentes de la institución. Uno de ellos, fue el protagonista de esta historia de hoy.

Por favor, vaya al grano y déjese de chácharas.

— El dirigente de Peñarol aprovechó la excursión al Norte del país y aflojó su tensión diaria. Disfrutó el entorno paisajístico de la ciudad, al mediodía disfrutó de un buen servido almuerzo y se pasó un poquito en las copas.

¿ Se mamó?

— Sí señor. El dirigente Manya se mamó bastantito y enfiló sus pasos hacia el Estadio Goyenola para «evaluar» el estreno oficial del Peñarol 2006. Cuando los colegas locales y montevideanos en las previas vieron su presencia, intentaron recabar su opinión pero como en el básquetbol, fueron bloqueados y no pudieron acceder al objetivo.

¡Cómo!

— Como acaba de escucharlo. Varios periodistas querían entrevistar al dirigente aurinegro que estaba en el Palco Oficial pero los que lo acompañaban, se las ingeniaron para «protegerlo» y evitar el papelón del siglo.

El informante del Troquílido que estaba a pocos metros en el mismo Palco le confesó que sintió vergüenza ajena por aquel espectáculo y dice que si los periodistas lo hubieran sacado la institución hubiera quedado por el piso.

Hay unos cuantos que trabajan con la licencia del presidente, ¿eh?

— El espectáculo fue lamentable y fue motivo de comentarios al regreso a Montevideo entre los propios consejeros de Peñarol. Ojo…el dirigente está reconocido entre sus pares como un hombre de bien, buen tipo pero parece que no puede controlar la tentación del Dios Baco y es un pecaminoso empedernido.

¡No me diga!

— El informante del Troquílido le comentó que se vivieron momentos de mucha tensión en el Palco porque el estado de situación del directivo era inocultable.

Además no podían pasar gato por liebre porque el exceso de alcohol había mellado la lucidez del dirigente y era ostensible que su voz no ocultaba el «pedazo» que tenía encima.

Perdón, ¿no va a decir su nombre?

— No, En esta oportunidad la identidad es irrelevante.

Diferente hubiere sido si este dirigente «mamao» hasta las patas, hubiere cometidos actos impropios a su investidura. En realidad su comportamiento fue correcto, respetuoso.

Su problema era que no podía disimular la carga excesiva de alcohol que superaba los límites de la lucidez. Muy diferente hubiera sido la actitud del Troquilido si este dirigente ebrio hubiere transgredido las normas. En este hipotético caso, el tratamiento informativo del tema por parte de El Picaflor era diferente.

De esto, no tenga la menor duda.

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