"El fútbol es para los vivos"

Anos atrás, en el lenguaje interno del fútbol, existía una suerte de máxima, de slogan inalienable «el fútbol es para los vivos».

Se refería, por entonces, exclusivamente o casi, a la actitud de los futbolistas dentro del campo de juego.

Era aquello que Dante Panzzeri había definido como «la dinámica de lo impensado» o que a pesar de «tratarse de un juego colectivo todo se resolvía finalmente en una disputa individual».

Por entonces, algún técnico cuyo club tenía poder adquisitivo como para hacerlo, tenía a sueldo a los pisteros nocturnos de las casas de cita más importantes y éstos le pasaban el informe diario de aquellos que se habían hecho una «escapadita» la noche anterior.

A la manana siguiente cuando a las ocho de la manana iba a comenzar el entrenamiento, el hombre los esperaba con una sonrisa en los labios, les cantaba «la justa» y pagaban el extravío con vueltas a la cancha al máximo rigor.

Multitud de historias le dieron el pie al nacimiento de aquello tan mentado como «la viveza criolla», la que, sin duda tuvo su máxima expresión cuando en Maracaná, el legendario caudillo, don Obdulio Jacinto Varela, se puso la pelota bajo el brazo, tras el gol de Brasil, para protestar una falta inexistente y enfriar el grito de gol de 200.000 gargantas.

Pero eso ya fue, como aquello de la «tierrita en los ojos del arquero» que supo utilizar Don José Francisco Sasía, en Villa Belmiro contra el Santos de Pelé, o en Avellaneda contra Independiente, aunque esta vez lo vieron y lo expulsaron.

Pero como todo cambio, el axioma que aún tiene vigencia, amplió totalmente su radio de acción. Hoy por hoy, tiene validez para el fútbol y todo su entorno. Es más, el que no se «apiola» la queda. Desgraciada, lamentablemente, es así y no tiene vuelta de hoja. Tanto ha cambiado la cosa. Hoy, la regla fundamental parece ser «esto es por guita» y en función de eso, del negocio todo parece valer.

Es más, a cada momento, se escucha aquello de «metele el gaucho» que vas a ver que todo cambia.

Lo que puede el dinero, porque como decía hace unos días, ya no hay códigos, y sin códigos, no hay respeto, no hay palabra, sólo hay negocio y en función de eso todo lo demás no existe. Estas parecen ser las nuevas normas de juego y a otra cosa.

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