El resucitado Chile se quedó con el invicto y las ilusiones celestes
Nada que objetar. Chile nos ganó bien, nos goleó e incluso pudo hacer más amplia la diferencia en un segundo tiempo que fue una pesadilla para el conjunto celeste. Uruguay, como sucede casi siempre, reiteró el mal endémico de su fútbol, desperdiciar ocasiones propicias por defectos de culminación, y dejó pasar dos oportunidades clarísimas en los primeros 10 minutos, cuando atacó permanentemente, preferentemente por la derecha y por Olivera, ante un equipo trasandino que en ese lapso prácticamente no pasó la mitad de la cancha y mostró falencias defensivas importantes. Pero se dilapidó el momento propicio, se le dio vida a un rival que no tenía nada que perder por la forma en que había llegado a esta ronda final y que comprendió después de esos sustos que manejando la pelota, tocando y rotando, que es lo mejor que tradicionalmente hacen los chilenos, podía complicarle la vida a quien ayer aparecía como favorito.
LAS DIFICULTADES CELESTES
Pronto se apreció que esos goles marrados por Lembo y Franco al principio nos iban a costar caro en el posterior desarrollo del encuentro. Chile comenzó a hacer correr la pelota, a intercambiar pases y posiciones en todos los sectores de la cancha, ante la manifiesta impotencia de los celestes, que se desgastaron corriendo tras un balón que casi siempre les fue esquivo.
Los rojos del Pacífico dominaban el trámite y, poco a poco, se fueron acercando al área uruguaya, hasta que en la primera invasión profunda maniobró muy bien Gutiérrez por la izquierda, eludió a Rivas que resbaló y, ya solo frente a Carini, lo venció con remate al segundo palo, excelentemente colocado. Comenzábamos a pagar lo que habíamos desperdiciado.
Casi enseguida, un contragolpe dejó a Carini mano a mano con un delantero rival, salvando el meta por dos veces en acción verdaderamente brillante. Pero esas dos jugadas dejaron en claro que nuestra defensa no hacía pie, tal vez descontrolada porque el mediocampo no podía cortar el toque enemigo. Casi al final del primer tiempo, cuando Uruguay no conseguía la pelota para ir por el empate, llegó sorpresivamente un par de veces y Franco falló otra vez en ocasión más que propicia, pero poco después llegó el golazo de Coelho, que recibió de Olivera, la paró con el pecho y luego sacudió el derechazo, de sobrepique, que se clavó como una bala en la red del meta Di Gregorio. Se fueron al descanso 1 a 1, los dos lamentándose, Uruguay porque no supo aprovechar el momento favorable que tuvo y Chile al ver anulada su ventaja en el pasaje del encuentro en que controlaba las acciones hasta con comodidad.
EL SEGUNDO, UN MAZAZO DECISIVO
Uruguay, lograda la igualdad, salió al complemento dispuesto a buscar la victoria, pero a los 2 minutos le pegaron un golpe que lo dejó completamente groggy. Fue como en el boxeo, cuando una contra le entra al que está atacando y lo liquida. Así obró el golazo de Tapia en ese instante –único error de Carini que pensó se iba afuera el remate bombeado del delantero rojo–, descontrolando a los celestes, que pretendieron irse en malón arriba, descuidando su sector defensivo, que quedó completamente desacomodado y a merced de los contrataques chilenos, siendo que era preciso –más todavía luego de la expulsión de Callejas– cuidarse de ese aspecto, uno de los que mejor dominan los trasandinos al disponer de espacios vacíos y a favor de su excelente dominio de la técnica en velocidad.
Así se disputó el resto del segundo tiempo. Uruguay intentando llegar en base a esfuerzos individuales, yendo al embudo de la retaguardia rival, sin ir por las puntas, y con gran imprecisión en las entregas. Chile sacó siempre el balón jugado desde el fondo aprovechando la desesperación de los nuestros y apareciendo en cancha uruguaya con superioridad numérica. Y fueron llegando más goles, los dos restantes también de gran categoría, al tiempo que Carini impidió tres o cuatro más con tapadas providenciales. Cada ataque de los del Pacífico tenía sensación de gol y los nervios fueron ganando a los muchachos de Púa, que perdieron totalmente la línea luego de una «rabona» sobradora de Pizarro, que le hizo honor a su apellido. Llovieron las amarillas y hubo varios que se salvaron por la actitud contemplativa del argentino Giménez, que les perdonó la vida a García y Sorondo, que repartieron lena en cantidades industriales mostrando en esas actitudes toda la impotencia que acusaban ante la superioridad del vencedor.
ADIOS AL SUENO OLIMPICO
Con el 4 a 1 en contra, Uruguay prácticamente le dijo adiós a su sueno de estar en los Juegos Olímpicos de Australia. El de la víspera era el partido que había que ganar para estar en la definición. Ahora vendrán Argentina y Brasil y la tarea será poco menos que imposible, porque además, aun en la hipótesis de conseguir buenos resultados ante los grandes del continente, la diferencia de goles sería determinante.
La desilusión fue grande pero hay que recordar las dificultades que tuvo la selección celeste en los partidos iniciales del grupo de Cascavel. Tal vez la buena producción ante Argentina hizo creer que se podía lograr la estabilización de su fútbol, pero no fue así y ayer cayó sin levante, mostrando falencias en todas sus líneas y regalándose en el segundo tiempo cuando, en inferioridad numérica, debió cuidar su campo, procurando el empate cuando estaban 2 a 1, pero sin regalarse de la forma en que lo hizo, que le costó una goleada que al final le salió barata debido a las paradas de Carini, a que los trasandinos quisieron hacer todos los tantos agregándole lujitos y a las veces que los triunfadores quedaron en offside al meter el balón en profundidad y picar a destiempo.
Lo que vendrá el viernes y domingo próximos será tremendo. El trabajo de Púa y Franco será muy intenso para que el plantel recobre la confianza y recupere la tranquilidad necesaria luego de los nervios que acusó ante los trasandinos. Son muy pocas horas de recuperación luego de un impacto tan importante como el que sufrieron los botijas uruguayos.
De todos modos, en un campeonato tan loco como éste, en el que se suceden los resultados inesperados y las goleadas insólitas, cualquier cosa puede esperarse, por más que una resurrección celeste ante los adversarios que deberá enfrentar ya entraría en la categoría de los milagros.
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