El libro del picaflor

–Picaflor, ¿cómo cayeron las declaraciones de Paolo Montero en el ámbito de la AUF?

–Como un misil aire-tierra. La entrevista de los colegas de El Observador movieron hasta los cimientos de la AUF y las ondas expansivas llegaron a Los Angeles (EEUU), donde se encuentra el presidente de la AUF disfrutando de las tradicionales fiestas. De más de está decir que hay gran calentura con el ex capitán de la selección.

–¿Por qué ?

–Los más afectados directamente, el presidente Eugenio Figueredo y Osvaldo Giménez consideran que si Paolo Montero no estaba conforme con lo que le brindaba la Asociación en la selección, debió abrir la boca antes y no después de la derrota.

–No dejan de tener razón. Hay que hablar antes y no después del fracaso deportivo.

–El Picaflor comparte su opinión, pero entre que los jugadores no hablen, se callen la boca, se aguanten en el molde los problemas serios, estructurales que afectan a la selección y lo hagan tarde, es preferible esto último. Esa teoría que han inventado los dirigentes del fútbol uruguayo que hay que barrer para debajo de la alfombra, que hay que hablar para adentro, sólo sirve para cobijar a los mediocres y fomentar la corrupción. Cuanto más se hable, más se discutan los problemas, se cristalinice la información y haya mejor nivel de autocrítica, el fútbol uruguayo va a crecer. Mientras prime la teoría del silencio, de los complot, el fútbol está liquidado.

–Usted está contento porque Montero coincidió con su predicamento de que tanto Figueredo como Osvaldo Giménez deben alejarse de la AUF ¿no?

–En verdad se tienen que ir Figueredo, Giménez, Pastorini, Almada, Magurno y algunos más. Ellos son los responsables de que el fútbol uruguayo haya perdido seriedad, credibilidad. Además los resultados deportivos los condenan y como bien dijo Paolo Montero, los dirigentes de la AUF tienen que renunciar porque son los padres del fracaso.

–Figueredo hace un tiempo dijo que él no pateaba penales ni jugaba los partidos.

–Es una forma elegante de evadir la responsabilidad, demuestra la falta de autocrítica del presidente de la AUF que hace ocho años está gobernando esta institución y su único mérito que era el Complejo Uruguay Celeste, según el ex capitán de la selección es de mentira, no sirve para nada, no tiene las comodidades mínimas porque no pueden tirar ni la cisterna porque se inundan los baños. Según Paolo Montero, los colchones eran una porquería, estaban «vencidos» lo que le provocaba fuertes dolores de espalda a los jugadores. Con estas condiciones, no se puede aspirar clasificar a un Mundial. Mientras los jugadores dormían en unas catreras, los dirigentes lo hacían en confortables somiers. Es cierto que Figueredo no entra a la cancha ni patea penales pero es el que debería dirigir y administrar los recursos de la Asociación. Acá siempre pasa lo mismo; mientras se disputa la competencia los jugadores y técnicos no abren la boca, está todo muy bien, los dirigentes son unos fenómenos, los técnicos también, el grupo humano es excelente, los periodistas son unos hijos de la madre porque tiran bolazos. Cuando no se alcanza el objetivo, empiezan a aflorar las críticas y se confirma que todo lo que brillaba, no era oro. El Picaflor está tranquilo porque nunca se guardó nada y no ha sido cómplice del poder de turno. *

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