Altibajos lógicos y figuras decisivas
No cabe duda que siempre es bueno empezar un torneo ganando, como forma de retemplar el espíritu para futuras y más severas jornadas. En esta oportunidad esa aseveración quizás tenga aun más importancia, porque el equipo uruguayo irá preparándose a medida que transcurra el Preolímpico, rival a rival, superando etapas en forma paulatina hasta llegar en este grupo a los enfrentamientos capitales, contra Paraguay y Argentina. El calendario fue favorable a los celestes, oponiéndoles en los primeros encuentros a los más accesibles, Perú y Bolivia.
El primer paso fue positivo y hay buenas perspectivas para el choque del sábado ante los del Altiplano. Eso sí, la forma en que se pasó el primer examen es otra cosa, y es preciso enumerar los aspectos positivos y negativos del triunfal debut de la selección compatriota.
PASAJES BUENOS… Y DE LOS OTROS
Uruguay comenzó en buena forma, parado acertadamente en el campo e imponiendo su afán ofensivo a una formación peruana que pareció timorata ante el despliegue de casacas celestes en su campo. Lembo, Rivas, Sorondo y Pellegrín en el fondo, el último con libertad para salir al ataque por su sector. Pouso y García delante de la línea defensiva, Varela sobre la derecha, Giacomazzi cerca suyo, Olivera más arriba, preferentemente por izquierda, y adelante Franco, sin estacionarse nunca y bajando a conectarse con sus compañeros. De entrada el «Nico» estuvo a punto de abrir el marcador y a los 6 minutos Pablo García convirtió su golazo. Todo pintaba bárbaro, los incaicos no se encontraban y los celestes eran dueños de la situación.
Pero, y esto no es secreto para nadie, a este equipo le falta preparación de conjunto, no tiene el funcionamiento adecuado porque no hizo partidos amistosos exigentes que le permitieran conseguirlo, y entonces se desordena por pasajes, se confunde, y como consecuencia permite a sus adversarios superar trances difíciles. Eso fue lo que pasó en el lapso que fue de los 15 a los 35 minutos. El juego se niveló, y aunque Perú no puso nunca en riesgo a Carini por su falta de «punch», fue evidente que nos costó mucho recuperar la pelota y que Franco quedó muy solo arriba, porque Olivera se fue cansando –no está ni cerca del ideal en el plano físico–, Pellegrín no pesó para nada en sus subidas, y del otro lado Giacomazzi no gravitó para nada.
En los últimos diez minutos de la parte inicial resurgió el conjunto celeste creando cuatro jugadas nítidas de gol, desperdiciadas por Franco en dos oportunidades, las más claras, y por Olivera en otras tantas. Se confirmó así lo que apuntábamos en notas anteriores. Uruguay tiene buenos futbolistas y en eso va a basar sus posibilidades, a despecho de caídas de tensión y baches que son producto de su déficit de competencia de categoría. El otro defecto, que ya es crónico en nuestro fútbol y que aparece aunque los representativos estén preparados al máximo, es la falta de precisión en la definición, que el martes no les permitió a los celestes liquidar el encuentro en el primer tiempo y jugar un complemento tranquilo, sin los sofocones que debieron pasar para llegar a la victoria.
CON LA SOGA AL CUELLO
Está visto que con las selecciones uruguayas todos debemos estar con el corazón en la boca en cada partido. Perú se nos vino arriba después del descanso, tocando y tocando, manteniendo la pelota e incluso llegando con peligro ante un elenco uruguayo desorientado, dominado, que sólo mantuvo en pie la fuerza defensiva de sus zagueros centrales y de Lembo, el despliegue de un Pablo García excepcional y de un Varela que fue de gran utilidad táctica, ayudando a todos y manteniendo siempre una dinámica que no es patrimonio de la mayoría de sus compañeros. Algunas variantes hechas por el técnico incaico rindieron dividendos y sus hombres, atacando siempre por el sector derecho de su ataque al comprender que Pellegrín era el punto flojo de nuestra retaguardia, crearon serios problemas, que los celestes fueron sobrellevando, con mucho esfuerzo y también, cabe aceptarlo, con alguna ayudita de la fortuna.
Luego de casi media hora de sustos y sufrimiento, los cambios de Púa sirvieron para que el equipo se serenara al retener más el balón Callejas y preocupar a la defensa rival el despliegue de Chevantón, pese a que el danubiano se equivocó bastante con la pelota. El segundo gol, producto de un perfecto contragolpe iniciado en un quite de Lembo, continuado con gran pase de Callejas y definido brillantemente por Franco, terminó con la resistencia peruana. Meloño entró por Pellegrín -debió hacerlo mucho antes- en los últimos minutos y consolidó la defensa compatriota. Al final pudimos hacer algún gol más, pero se volvió a fallar al definir.
LAS CONCLUSIONES
Se viene Bolivia y seguramente Púa analizará debidamente los pasos a seguir. Tenemos un arquero seguro, que da tranquilidad a sus compañeros, con la tremenda importancia que eso conlleva.
La línea final flaquea por la zurda, donde, a nuestro juicio, Pellegrín no justifica su inclusión, porque todos sabemos que tiene muy poco quite y, si además no pesa en ofensiva, lo lógico es reemplazarlo por un elemento como Meloño, que en el poco rato que actuó demostró decisión para encimar en la marca y fuerza para tirarse a la ofensiva cuando vio propicia la situación. En el medio las actuaciones fueron desparejas.
Excelente Pablo García, el bastión del equipo, marcando, ordenando, yendo al ataque, en otras palabras, un volante completo, flojos Pouso y Giacomazzi, el primero corriendo mucho pero sin gravitar, incluso pegando en demasía, y el nuevo jugador de Peñarol perdido en la cancha sin encontrar ubicación adecuada.
El que anduvo realmente bien fue Varela, que auxilió siempre a Lembo, pero además salió pegado a la raya, tocando con un compañero y picando a recibir la devolución, metiendo además algunos centros perfectos, de esos que se van abriendo y complican a los arqueros enemigos. Nicolás Olivera está lejos del futbolista que asombró a Malasia, pero mientras tuvo energías realizó maniobras de su sello.
La movida debe haberle hecho mucho bien y a medida que pasen los partidos su importancia se acrecentará. Franco tuvo la fatalidad de errar dos goles hechos pero no decayó en su búsqueda, teniendo el premio de su bombazo que afirmó el triunfo celeste. Corrió, molestó, luchó, bajó a ayudar, fue un importante elemento de equipo. Eso sí, debe conseguir precisión en el disparo, cosa que fue su mayor defección en este encuentro.
Callejas fue trascendente para mantener el balón y a la hora de jugarlo mostró inteligencia, siendo factor determinante para la conquista del moreno delantero aurinegro.
Como fuerza de conjunto, Uruguay tiene picos altos y bajos. Cuando se enchufa es muy peligroso, cuando la corriente disminuye pueden llevárselo por delante. Por ahora, había que ganar y lo consiguió. La obligación para el sábado es la misma. Después vendrán guaraníes y albicelestes y ese será otro cantar porque no estarán permitidas las imperfecciones mostradas el martes.
El asunto está en saber si el equipo celeste está en condiciones de terminar con ellas a tiempo.
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