No se olviden del "Cabeza"
El argentino Cristian Zermatten, «El Ãato» Martín Parodi, Alberto «Beto» Acosta, el chileno José Luis Sierra, Hernán Losada … el boliviano Limberg Gutiérrez … Jorge «Malaka» Martínez …
La enumeración de nombres corresponde solamente a algunos de los que sonaron como candidatos a adueñarse de la camiseta número diez de Nacional, tras la ida del floridense Martín Liguera al fútbol mejicano.
Con toda la razón del mundo, incluso, hinchas y dirigentes tricolores manifestaron que el heredero natural de «la manija» del equipo es el juvenil Alberto Silva, quien asomó el año pasado con magníficas condiciones bajo la dirección técnica de Hugo De León y revalidó sus credenciales en los recientes partidos en China, cuando Martín Lasarte le otorgó la chance de mostrarse.
Entre los probables refuerzos y el juvenil emergente parece haber un eslabón perdido en la cadena del primer equipo albo, pues prácticamente nadie parece acordarse de la presencia en el plantel del artiguense Walter Fabián Coelho, uno de los «olvidados» en esta historia, junto a los laterales Federico Rariz, que casi no jugó en el primer semestre, y Gonzalo Amarilla, que acaba de ser cedido a préstamo a Fénix.
Un caso extraordinario
La situación del «Cabeza» («El Chueco» para otros) en la plantilla alba resulta un caso sumamente peculiar, pues aunque existe unanimidad en cuanto a su talento futbolístico, su profesionalismo en el cuidado fuera de la cancha y sus condiciones humanas, aún sigue esperando dar el gran salto y pasar a un equipo extranjero, logro que ya han conseguido la mayor parte de quienes jugaron junto a él tanto en los tricolores como en selecciones juveniles.
El dueño de la camiseta número siete tricolor ya conoce de enésima cantidad de anuncios de que su transferencia estaba a punto de cristalizar, pero por un motivo u otro la fortuna jugó en su contra y aún sigue esperando la oportunidad de dejar Nacional, luego de más de siete temporadas en Primera División, durante las cuales consiguió nada menos que siete campeonatos uruguayos, un palmarés envidiable para cualquier jugador compatriota.
El extraño caso de Fabián Coelho estuvo a punto de dar un viraje de ciento ochenta grados hace un año, cuando su pase a un equipo del fútbol europeo estaba casi hecho, pero otra vez «el diablo metió la cola»; cada frustración sin duda fue mellando el ánimo del jugador, que de todos modos se empeñó en mostrar sus virtudes cada vez que le tocó actuar, teniendo puntos altos en su rendimiento y definiendo incluso partidos muy complicados para su equipo, como en los últimos cotejos ante Wanderers en el Parque Viera, cuando goles suyos le sirvieron al tricolor para quedarse con tres puntos que se escapaban.
Después de deslumbrar con la selección juvenil celeste vicecampeona en el Mundial sub 20 de Malasia, el artiguense sobrevivió a la «limpieza» del plantel albo cuando llegó Hugo De León, se consagró campeón uruguayo en el ´98 y repitió el título cuatro veces más (2000/01/02 y 05), pero increíblemente le costó demasiado afianzarse en la oncena titular.
Zermatten no viene
La postergación del viaje de Cristian Gastón Zermatten anunciaba dificultades para su llegada a Nacional, aunque muchos lo vieran como un elemento favorable mientras solucionaba su situación con el Bolívar. Lo cierto es que la contratación del argentino por parte de los del Parque Central quedó descartada en la víspera, por razones que no se precisaron con exactitud pero sin duda refieren a la situación familiar que vive, que -en forma más que entendible- lo condiciona para cumplir con sus compromisos profesionales.
Mientras tanto, Coelho reparte votos a favor y en contra entre la parcialidad tricolor; entre los primeros, los que gustan de su buen trato de pelota y la prolijidad en el juego, mientras los otros le exigen mayor protagonismo en el liderazgo ofensivo de la escuadra. Incluso, el propio jugador generó polémicas cuando expresó públicamente su preferencia por no jugar como responsable del armado, al manifestar que se siente mucho más cómodo «acompañando» como volante por derecha. Lasarte y el propio Coelho tienen la palabra.
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