El que esté libre de pecado que tire la primera piedra
Defensor Sporting Club decidió el lunes a la noche no presentarse a las finales del Campeonato Uruguayo Especial 2005, lo que dejaría abierta la posibilidad de que Nacional alcanzara el título del mismo.
Defensor pareciera que fuera nuevo en estas lides asociacionistas, y ello es falso.
¿Puede Defensor Sporting como institución hacer gárgaras de dignidad y principismo?
En principio, del comunicado pareciera surgir que sí.
No obstante, nos permitimos dudarlo.
Una institución que cuenta con el presidente del Colegio de Arbitros en los dos deportes más importantes del país (fútbol y basquetbol), y que en forma reiterada se ha beneficiado de arbitrajes tendenciosos, no es la más indicada para enjuiciar a nadie.
Olvidan los dirigentes defensoristas el desenlace de Paysandú-Defensor por la final de la Liga Uruguaya de Basquetbol y las incidencias de sus partidos en fútbol contra Rentistas, Fénix y Liverpool.
Tampoco recuerdan que amnistiaron a los violentos.
Los males de nuestro fútbol no nacieron el domingo a las dieciocho horas, y es justo decirlo.
Tampoco parece lógico que el principismo surja a partir del momento en que la Mesa Ejecutiva, el lunes a la noche, no consagrara su pedido de jugar solo en domingos, un partido en el Franzini, y el otro en el Estadio.
Dice el dicho que «no alcanza con serlo, hay que parecerlo».
La actuación de los de Punta Carretas nos deja dudas.
Creemos que al igual que lo que se procura fustigar, los dirigentes, y quizás aún más sus presidentes de antaño, procuran jugar «su partido».
No nos queda claro si el tema está liquidado.
Parece más un golpe efectista, lo cual sería definitivamente censurable.
Quizás por negociaciones, renuncias en masa, o transacciones gubernamentales, podría aún haber una solución, que haga salir del CTI a nuestro alicaído fútbol uruguayo.
Suponemos que pase lo que pase, nuestro fútbol no será lo mismo a partir de este momento.
El mismo debe cambiar, sanearse, y legitimar a sus protagonistas, porque a esta altura del partido, de dobles discursos la gente está asqueada, y prácticamente no hay nadie libre de pecados. *
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