-En 20 minutos, ¿qué hablaste con Ginóbili?

-Es algo que no me voy a olvidar nunca. Había una jugada que era para el tirador, entonces él vino y se me sentó para explicarme cómo era, estábamos él, un argentino y yo en el medio. Vino una señora justo y le dio una remera para que firmara y yo me quedé mirándolo y le dije: «Debés estar harto de que te den para firmar» y me dijo que a veces un poco sí. Y ahí nos quedamos hablando de muchas cosas y justo vio que a su entrenador Popovic lo eligieron para como juez de las volcadas y se acercó a decirme «A Popovic no le gustan las volcadas, que le den un vaso de vino y lo dejan contento». Después me preguntaba si conocía a los que estaban compitiendo, donde jugaba, se terminó sorprendiendo que fuera uruguayo, porque pensaba que por mi forma de jugar era de allá. Lo más increíble de todo que fue una charla como si fuera uno más de nosotros y yo ni alcancé a preguntarle nada, la verdad no quería pasar como un «gil».

 

-¿Cómo fueron todos esos días del campus?

-Cuando llegamos nos estaban esperando en el aeropuerto y fuimos en seguida el Cenard a entrenar. Estuvo todo programado por horarios. Nos levantábamos a las 8, y teníamos un seminario que nos hablaron sobre diferentes cosas; luego íbamos al gimnasio a prácticas de fundamentos, almorzábamos y de tarde teníamos todos los partidos, que finalizaban cerca de las 9 de la noche, ahí nos bañábamos y a las 10:30 teníamos que estar durmiendo. *

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