Figueredo no se va…
Parece ser la consigna de este mandatario de la AUF, tras ocho años de continuos fracasos deportivos su continuidad está asegurada, avalada por vaya a saber quién, como si haber quedado fuera del campeonato del mundo Sub-20, fuera del campeonato de las Confederaciones, eliminados de la Copa América y prácticamente, también eliminados del próximo campeonato del mundo a disputarse en Alemania, con el agravante de haberse «morfado» más de siete técnicos durante su mandato fuera poco. Registrando un récord histórico, y para decorar más su paupérrima gestión uno de los finalistas de este engendro, denominado Uruguayo Especial, Defensor Sporting, no se presenta a jugar las finales.
Quienes prestigian la tarea de este malabarista, esgrimen el viejo concepto: Figueredo no hace goles y tampoco toca el pito. Pero ejerce la responsabilidad de nombrar a quienes sí, dirigen, arbitran y fiscalizan funciones concernientes a los que entran a la cancha. En esto del fútbol, la suerte muchas veces determina las consecuencias posteriores; aquí también el presidente de la AUF mantiene un déficit notorio, deberemos ser contestes que la suerte que muchas veces es «grela» tampoco lo acompaña.
No quiero enfatizar una campaña contra quien, personalmente, no me produce ni frío ni calor. El cargo que ostenta me permite, como ex jugador, como entrenador y especialmente como un simple aficionado al fútbol, mi deseo del alejamiento de este tan particular presidente, precedido de la peor gestión de que se tenga memoria en la materia.
Cuando los acontecimientos se precipitan hacia un abismo que pareciera no tener fin surgen nombres de personas que perdidos en la memoria de un tiempo demasiado dinámico, como es el del fútbol, parecen ser la solución, no ya como salvadores, por el contrario, con una cierta posibilidad de realizar una administración antes que nada coherente, transparente, donde el éxito no va a ser inmediato, pero sí asegura la inteligencia, experiencia, idoneidad y por sobre todo una independencia absoluta, ejerciendo un freno seguro frente a este poder irrestricto que paralelamente a la AUF gobierna nuestro querido deporte.
Surge como consecuencia lógica y natural el nombre de Eduardo Arzuaga. Aun dándole el margen para la equivocación, la credibilidad de tan exitoso dirigente nos produce una sensación de seguridad compartida. Justo en este momento de cambios a todo nivel en nuestro país, dentro de una sociedad ávida de cambios profundos y permanentes, el fútbol no tolera quedar al margen de estos cambios. De una vez por todas reitero que no es un asunto personal el deseo de alejamiento del actual presidente de la AUF, aunque debe de ser inminente. Prolongar esta agonía es tan innecesario como ruinoso y sin nombrar la ética imagino que el paso al costado sería más que conveniente para todos… *
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