Estamos matando la alegría del fútbol
Muchas veces hablamos y elogiamos el «jogo bonito» brasileño, y la alegría con la cual se disfruta el fútbol en dichos lares.
En el Uruguay estamos gestando un fútbol de momias, más similar a un velorio, que a una fiesta deportiva.
Luego de que casi cincuenta mil personas volvieran a refrendar en la tribuna la vigencia de la pasión uruguaya por el fútbol, aún a pesar de los magros rendimientos de la Selección uruguaya, los jueces buscan arruinar y palidecer la fiesta.
Lo acontecido el domingo en el Estadio Centenario mata la alegría de nuestro fútbol.
El que diga que Viera provoca la tribuna está buscando artilugios.
El que diga que Martín García estuvo bien, y «fue un vivo» por ingresar, atenta contra nuestro deporte.
La dualidad notoria de dos integrantes de la terna (Vázquez y Espinosa) en dos situaciones similares, hacen que este tipo de arbitrajes maten en parte la poca credibilidad que la gente tiene de nuestro fútbol.
La gente, aún cuando su pasión la lleve al Estadio, sigue pensando que acá, en nuestro fútbol, está todo arreglado, y lo del domingo lamentablemente lo refrenda.
En nuestro fútbol, todo enoja, los gritos de gol, los caños, las gambetas, y eso no está bien.
Estamos matando la alegría, más allá de intencionalidades que le puedan dar algunos a las decisiones o arbitrariedades de los jueces de turno.
El tema arbitral fue siempre algo polémico, luego de algunos episodios vinculados con Méndez desde hace un par de años a la fecha, el asunto esta que arde, y el que pierde es nuestro cascoteado fútbol.
El Peñarol-Nacional del domingo demostró que se puede cumplir un buen operativo de seguridad, salvo el lanzamiento de una gallina, lo cual sí es una provocación, y que las parcialidades pueden «convivir» civilizadamente aportando a que el clásico siga siendo una fiesta.
Los reglamentos por ilógicos, o sus intérpretes, por incapaces o tendenciosos, buscan matar la pasión.
Algo debe cambiar, por lo pronto la emoción del festejo de gol no puede cercenarse como pareciera que se pretende.
No estuvo bien la expulsión de Viera, no hubiera sido lógico hacer lo propio con Tejera, pero si lo hubiese sido en la ¿coherencia? de esta terna.
Nuestro fútbol vive, no matemos su alegría. *
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