La Copa Libertadores sigue siendo una quimera
Nadie podrá negar que 2005 ha sido un año signado por los cambios.
La asunción de la Presidencia por la izquierda a través del doctor Tabaré Vázquez, que el Partido Colorado en las encuestas para las municipales en Canelones arroje un cuatro por ciento de intenciones de voto, demuestran que cambia, todo cambia.
El fútbol uruguayo parecería querer decir que «cambia casi todo cambia».
Una vez más la Copa Libertadores parece querer abrirnos los ojos de lo lejos que andamos de los grandes sitiales continentales.
Desde que se ha implantado el nuevo sistema de disputa de la Copa, con cabezas de series argentinas o brasileñas, el fútbol uruguayo no figura.
En aquellas épocas de los cruces de Ccampéon y vice uruguayos contra dos representantes de un mismo país, nos permitía en los años que correspondía cruzarnos con bolivianos, peruanos, ecuatorianos, venezolanos y chilenos, por ejemplo, asegurarnos pasaportes para fases posteriores.
La actual estructura copera nos lleva a enfrentarnos inevitablemente con por lo menos un equipo argentino o brasileño, aparte de probablemente un segundo equipo de dichas latitudes, o un mexicano.
Es tan limitado lo nuestro, que necesariamente debemos «elegir la pinta», y en general nos ha tocado bailar con la más fea.
Danubio «ligó» al Campeón brasileño y boliviano en su serie, algo impensable en otras épocas.
Pero más allá del hecho de conformación de las series, real, pero comercialmente inevitable en el futuro, lo que demostramos deportivamente es penoso.
Nacional ha logrado una lastimosa e histórica actuación copera, con tres derrotas de local en otras tantas presentaciones.
Y si bien los resultados podrían no responder específicamente a lo acontecido en la cancha, lo vivido ante los suplentes de River Plate muestra a las claras que jugamos a otra cosa.
Estamos lejos en resultados, pero más lejos aún en la filosofía de juego.
Nuestro fútbol es lentísimo en relación a la dinámica que demuestran los demás. Pero es más, cuando un equipo como el tricolor se mete en dicho ritmo vertiginoso, como aconteció en los primeros veinte minutos ante River, el rendimiento posterior se resiente aun más, haciendo que el visitante «le pintara la cara» en el segundo tiempo.
Nuestro fútbol sufre de avaricia mental, si un equipo, cualquiera sea él, va ganando por un gol, empieza a cuidar el resultado; y tanto es así, que con una diferencia notoria de plantel y presupuesto entre los grandes y algunos clubes menores, los tanteadores no avalan dicho abismo.
Lamentablemente, en dinámica el debe es notorio, y muchas veces no llegamos a poder recuperar el balón pues los demás juegan sin pelota, y nosotros aprovechamos a respirar y miramos el partido.
Una semana negra en calidad de local ha demostrado, que lo que para el fútbol local alcanza, a nivel internacional no existe.
Si hoy todos nos concientizáramos de la necesidad de cambiar, quizás en diez años veamos los resultados, pero el cambio debe pasar por lo técnico, lo táctico, lo físico y lo mental. *
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