De tanto meter, lo nuestro se volvió impotente
Existen dos palabras que deberían ser olvidadas por quienes de una u otra manera están vínculados a nuestro fútbol, «meter y actitud»; la palabra que sí habría que incorporar es aptitud, pues, disponiendo de esta condición básica, todo lo demás es acumulación de valencias, que pueden o no pueden existir, pero lo imprescindible son fundamentos y técnica, lo demás es inútil.
Podemos manifestar sin margen porcentual mínimo de error, que Danubio lo avasalló al Santos, metiendo, luchando, fue un equipo lleno de impulsos espirituales, que tampoco se amedrentó cuando el excelente Salgueiro era sometido constantemente a la reiterada violencia para pararlo; decimos que lo de Salgueiro y Pouso tuvo la dualidad futbolística de meter y jugar; por el contrario la diferencia que establece el Santos, más allá del resultado, se manifestó en el juego, pues, mientras que el franjeado dispuso sólo de dos jugadores que establecieron la proporción ideal, jugar y meter, el Santos contó con ocho jugadores, la proporción ideal.
Lo de Nacional resultó mucho más notorio, las deficiencias del tricolor se vieron acentuadas, además, por una condición física lejos de la ideal, luego de los primeros veinte minutos, los jugadores daban pasitos en la cancha, mientras River ofrecía un «champú» de toque, que hacía más ostensible la superioridad reflejada en el juego y el tanteador.
Indudablemente, si no nos replanteamos las formas metodológicas de entrenamientos en todos sus aspectos, físicas, tácticas y fundamentalmente las formas técnicas, seguiremos autopostergándonos en torneos donde generalmente éramos continuos abonados a las primeras posiciones.
Una vez más los juveniles alientan una real esperanza, después de lograr este vicecampeonato sudamericano, que también nos clasifica para el próximo mundial de la categoría; indudablemente, haciendo las cosas medianamente bien, seguimos siendo los terceros en discordia, junto a Brasil y Argentina. Somos los únicos en América, en todas las categorías, que todavía podemos darle de comer en la mano, como históricamente aconteció, a nuestros rivales de siempre.
Si no cambiamos, cada vez más estaremos sentenciados a sufrir estas decepciones, que al contrario de los mundiales, que desnudan nuestras deficiencias cada cuatro años, la Libertadores nos expone año a año, donde paulatinamente nos quedamos sin respuestas absolutas, donde pasar a la segunda ronda nos resulta una tarea de titanes. *
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