LA MAXIMA COPERA ES TAN REAL COMO CATEGORICA

Si no ganás en tu casa …

Nacional sufrió anoche el mismo síndrome que varias veces padeció la propia selección nacional durante las Eliminatorias al Mundial, y dejó pasar una estupenda oportunidad de posicionarse en buena forma para intentar la clasificación a la segunda fase del torneo.

Mientras todos los equipos «jugaron para Nacional» pues los resultados servían a sus intereses, fue el propio Nacional el que no jugó para sí, decepcionando a su público que llegó en muy buen número al Centenario.

 

Los tricolores no cumplieron con la media necesaria en todo evento para tener una buena clasificación, es decir ganar como local y empatar algún cotejo, al menos, afuera y ni siquiera cumplió con una vieja máxima copera, que ordena ganar en casa para tener chances de seguir en carrera. Los dirigidos por Lasarte perdieron los tres partidos jugados como locatarios, dos en el Centenario y el restante en el Parque Central, resultando una de sus peores campañas de la historia en ese sentido.

 

Alguna chance todavía le queda de avanzar a segunda fase, para lo que deberían ganar en Barranquilla y esperar una goleada de River a Olmedo; los propios futbolistas, el cuerpo técnico y evidentemente los hinchas ya no alientan ninguna ilusión.

 

Antes de comenzar el encuentro todo era ilusión y expectativa en el Estadio Centenario, por ello unas treinta mil personas llegaron hasta el histórico coliseo, una muy buena proporción de seguidores albos y también dos o tres millares de aficionados riverplatenses que se instalaron en el sector de la Tribuna América que da hacia la Colombes.

 

Los hinchas argentinos le pusieron un colorido espectacular a las tribunas, colmando de banderas (muchas de ellas con los mástiles que usualmente no se les permite entrar en nuestro medio) rojiblancas ese sector; poco antes del comienzo del juego también ingresaron las tricolores, completando la colorida escenografía de la noche.

 

Ambos equipos realizaron el calentamiento dentro mismo del campo de juego, al igual que la terna arbitral, provocando otro hecho inusual en nuestro país, que sirvió como un atractivo extra para los espectadores. A la hora de entrar al campo, ninguno de los equipos mantuvo la indumentaria que normalmente utilizan en sus respectivos torneos locales; los dueños de casa vistieron totalmente de blanco (venían haciéndolo en esta edición de la Copa con short y medias azules), mientras River salió totalmente vestido de negro con algunos vivos blancos.

 

Carlos Diogo fue el blanco de todos los silbidos cada vez que tocaba la pelota, como herencia de su pasaje por Peñarol que llevó al rechazo de los hinchas tricolores. El lateral «millonario» integró el trío de extranjeros que jugaron por el equipo bonaerense, junto a chileno Marcelo Salas y el colombiano Jairo Patiño.

 

Vale recordar que River se presentó al cotejo con su potencial sumamente disminuido, ya que no jugaron siete futbolistas habitualmente titulares: Tuzzio, Farías, «Lucho» González, Domínguez, Gallardo, Mascherano y Constanzo; en Nacional, mientras tanto, sólo estuvo ausente Gabriel Alvez debido a un percance familiar.

 

La lista de malas noticias para los tricolores se completó en la víspera con una que involucra a uno de sus ídolos máximos: la destitución de Hugo De León como técnico del Gremio de Porto Alegre, tras perder ante Fluminense por tres goles a cero.

Cuando el primer tiempo llegaba a su fin el brasileño Wilson Souza expulsó a Luis Alberto Romero y Horacio Ameli del campo tras algunos forcejeos en el área visitante. Según explicó Romero luego en el vestuario, fue una jugada en la que ambos se empujaron y el juez cobró falta del delantero, luego de lo cual el defensa se le fue encima a reclamarle: «me puso la cabeza para adelante y yo reaccioné atinando a defenderme; interpretó que nos agredimos, nos llamó aparte y nos echó a los dos.» *

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