¿ Espejismo o realidad?
Se ha dado en los últimos tiempos una serie de resultados de nuestro fútbol a nivel internacional, que parecerían mostrar una superación.
Los resultados de nuestra selección nacional ante Chile y Brasil, pero más que nada el estilo futbolístico demostrado, nos hacen esperar con inusitada expectativa los enfrentamientos de junio en calidad de visitantes ante Perú y Venezuela.
Si repitiéramos el nivel mostrado, el rescate de aquellos puntos lastimosamente perdidos en el Centenario, con goleadas incluidas, no nos podría sorprender.
Si a ello le sumamos la victoria de Nacional en la altura ecuatoriana, con un equipo plagado de suplentes, más la gran actuación de la Sub 17 celeste en Venezuela –más allá de su ubicación final en la contienda– , pareciera que estamos viendo un repunte.
El dicho enuncia que «una golondrina no hace verano», y es importante no echar las campanas a vuelo, más que nada en lo que hace relación con los juveniles, para no «llenarles la cabeza de berretines».
Pero más allá de la cautela que uno quiera imprimirle a sus conceptos, algo mejor estamos. Seguimos en el CTI, y ni miras de pasar al Intermedio, pero principio tienen las cosas.
Para un fútbol empobrecido, de un país en quiebra, no es menor poder tener por momentos una sonrisa en los labios gracias a alegrías futbolísticas.
No obstante, falta mucho camino por andar para poder consolidar un camino diferente al que vivimos.
En la realidad futbolística profesional mundial, no existimos.
Para tener una idea cabal de lo lejos que estamos de la industria mundial del fútbol profesional, un dato, el Fútbol Club Barcelona recauda diariamente aproximadamente ochenta y cinco mil euros, o sea ciento diez mil dólares, por las visitas guiadas a las instalaciones del Camp Nou. Esa cifra anualizada hace que podamos hablar por ese rubro de ingresos de cuarenta millones de dólares.
Más allá de que estemos hablando de una potencia mundial, su máxima estrella, Ronaldinho Gaúcho, no pudo irse de Montevideo con una victoria; y van dos eliminatorias, en que Brasil no puede derrotar a Uruguay.
Será una victoria menor la consignada, pero para la pobreza del medio, es hazañoso.
Ojalá que lo que estamos viviendo no sea un espejismo y sea el inicio, muy «a la uruguaya», de una recuperación real de nuestro fútbol. *
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