Por fin, apareció el Uruguay que todos queremos
Dando una muestra de fútbol colectivo muy bien elaborado, la celeste mostró que se puede jugar bien y a la vez conseguir resultados positivos. Estamos cansados de equipos medrosos, timoratos, jugados exclusivamente a la defensa, así que experimentamos en el primer tiempo frente a Chile, una sensación conjunta de satisfacción, identificándonos plenamente con una forma de jugar acorde con la historia que nos precede.
Tampoco debemos creer que estamos para campeones del mundo porque hace cien años que «atendemos» a los chilenos, a domicilio y ni hablar en el Centenario.
Tampoco debemos transitar por caminos de soberbia al emitir conceptos laudatorios, pues en definitiva conseguimos un empate, con posibilidades de un triunfo merecido, pero comprometido por los goles malogrados.
Sin embargo, lo que este partido dejó sentado una vez más, es que en América, junto con Brasil y Argentina, somos los terceros en discordia, haciendo las cosas relativamente bien.
Las declaraciones de Carlos Cazelli, antes del encuentro, manifestando, que si en la época que él jugaba no temía a Montero Castillo, mucho menos estos jugadores contemporáneos, le podrían temer a Paolo Montero, hijo del otrora número cinco celeste.
Puedo manifestar con amplio conocimiento de causa, que cuando Cazelli tenía que enfrentar a Montero padre, en vez de suspensor, debía usar «pampers».
Volviendo al partido del sábado a la noche, las actuaciones de Zalayeta, Forlán y principalmente la de Mario Regueiro colmaron las expectativas más optimistas.
Pusieron la pelota contra el piso, agudizaron el ingenio logrando estimular un volumen de juego por todos vistos, corrieron solidariamente aumentando las posibilidades de una clasificación anhelada por todos y como corolario de una actuación feliz, Sebastián Viera, confirma, con una magnífica gestión toda la categoría de una arquero de primera línea.
Seguramente que frente a Brasil deberemos ser mucho más cautelosos, pero de todas formas son los partidos donde generalmente se consagran los cracks, pues debido a la presión deben resaltar otros valores, a lo que los orientales estamos acostumbrados.
El relumbrón de los nombres de los jugadores de Brasil, letales para otras selecciones del continente, para Paolo Montero y sus compañeros son un acicate de máximo estímulo para lograr la exaltación adecuada, encontrando, sin lugar a dudas, en el acervo espiritual, los básicos de una victoria.
Por otra parte no por repetida puede llegar a ser el disparador que está necesitando tan particular Selección como la nuestra, para consagrar a toda una generación de un futuro inimaginable si consigue ganar este partido. *
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