ESPINDOLA CUMPLIO CON SU FUNCION Y LLEVO A SALTO URUGUAY A SER CAMPEON DE LA LUB

"Las consagraciones son de los jugadores"

Sobre la calle Brasil, en pleno centro de la ciudad salteña, Javier Espíndola disfruta con su familia de las mieles de la consagración como entrenador de Salto Uruguay. Como un salteño más, aprendió de algunas costumbres lugareñas, como por ejemplo la sagrada siesta, aunque algo similar le había tocado vivir cuanto estuvo en el interior de Argentina dirigiendo. Al mediodía del pasado sábado nos abrió las puertas de su casa junto a su familia para hablar de la conquista de la Liga Uruguaya. Dijo que el triunfo final es el objetivo de muchos trazados a lo largo de una temporada, pero quedaronotros pendientes, que la propia victoria hará más fácil de conseguir. Sostuvo que Salto Uruguay contó con varios liderazgos, dentro de un equipo liderado por el «Bicho» Silveira, a quien todos le siguieron el tren. Sentenció además diciendo que las consagraciones son de los jugadores: «por lo cual no me veras ni en las fotos ni retirando medallas o trofeos».

 

-¿Elegiste quedarte en Salto Uruguay porque esperabas lo que al final sucedió?

-Elegí quedarme porque me parece una plaza con un potencial tremendo y porque el proceso va muy bien en lo deportivo, y estaba la posibilidad de reforzarse convenientemente pero sin perder de vista la proyección de jugadores locales para el mediano plazo. Además me encanta la ciudad y el desafío para un equipo del interior. El triunfo final es el ultimo de muchos objetivo que se han cumplido este año y quedan otros pendientes, que se lograran mas fácilmente a partir de este triunfo.

 

-¿El título de Salto Uruguay está en buenas manos?. ¿Porqué?

-Sí, lo está porque es el equipo que jugó mejor, que se vio más sólido en los momentos en que había que estarlo y porque tiene jugadores de enorme jerarquía, pero ninguno de ellos con historia de liderar un equipo campeón. Esto hizo que se lograra un reparto ideal de responsabilidades, con dos o tres liderazgos en diferentes rubros, muy bien capitaneados por Luis Silveira y muy apoyados y respetados por los más jóvenes y los locales.

 

-¿Qué sacrificios se hicieron para llegar a la consagración?

-Muchos. Jugar con lesiones, viajar a veces demasiado en pocos días, resolver el tema de concentración en Montevideo a partir de una gran buena voluntad de los muchachos para repartir compañeros en sus casas, y el trabajo en los entrenamientos que fue, a veces, conmovedor por la entrega de todos. Superar también algunos obstáculos que surgen de una plaza nueva y muy rápidamente obligada a estar en la cresta de la ola, con todo lo de inexperiencia y carencias de organización que esto implica.

-¿Esta se trataba de la última chance de ser campeón con Salto Uruguay luego de no poder hacerlo en la primera edición?

-No creo. Por suerte la histeria por ser «campeón o nada» no existe acá en Salto. Y me parece que es un mal del basquetbol o el deporte uruguayo, que se le transmite a la gente y por ende complica los procesos de las instituciones. A mí, dirigentes me felicitaron por objetivos cumplidos desde que quedamos en los cuatro, otros por llegar a la final y la propia gente cuando habíamos perdido el primero de la final. Y creo que esa ausencia de histeria nos ayudó mucho para llegar al titulo. Y una actitud contraria a ésta por parte de nuestro rival en la final, también colaboró con nosotros y, a mi juicio, complicó a Paysandú. No puede ser que en Uruguay si no sos campeón haya que cambiar todo. Procesos graduales y paciencia.

 

-¿Qué tuvo de diferente Salto Uruguay con respecto al resto, incluso ante el propio Paysandú en las finales?

-Mucho convencimiento, el apoyo que te mencioné antes de parte de dirigentes y población en general, sin excesivas presiones y condicionamientos ridículos, y seguramente un grupo de muy buenos jugadores pero más que eso, de hombres para entender que esto es un deporte y no la guerra, y que las miles de diferencias que pueden existir en torno a un grupo bajo tanta presión, se pueden sintetizar y saldar frontalmente, con un resultado favorable para el grupo, sin necesidad de asados. Que también los hubo y muy ricos.

 

-Siempre dentro de un plantel hay cosas que sólo la saben los protagonistas. En este caso ¿cómo fue la relación entre jugadores y cuerpo técnico?

-Va implícita en la respuesta anterior. Para mí fue profesionalmente buena, de máxima exigencia en los dos sentidos de la flecha. Logramos como cuerpo técnico imponer una idea de juego muchas veces diferente o discutida por algunos integrantes del equipo, pero dentro de la máxima corrección profesional. Después, como en todo grupo, nos vamos más amigos con unos que con otros.

 

-¿Es verdad que Caputto le tiró las orejas después de una derrota con Aguada.

-Es mentira. El apoyo de la empresa ha sido formidable en todo sentido, no sólo como sponsors. Si hubo una reunión luego de ese partido, en la cual nadie tiró orejas sino que al contrario, el discurso fue de quita de presión y afirmando que la empresa hizo una apuesta que trascendía a esta temporada y que no dependía del resultado.

 

-¿Un hecho extrabasquetbolístico pudo haber costado tu continuidad en el club?

-No. Supongo que te referís a un problema que tuve, totalmente ajeno a mí, que me puso muy mal incluso del punto de vista psicológico en un momento. Pero la actitud del club y de la empresa fue siempre de apoyo y no la voy a olvidar nunca.

 

-Eres parte de la Liga Uruguaya como formador y ahora como campeón con un equipo en desarrollo. ¿Es lo que deseabas?

-Lo que deseo es que todos seamos parte y que se consolide una verdadera Liga Uruguaya fuerte y profesional para que nuestro basquetbol pueda competir con los países fuertes del mundo (que coincidentemente son los que tienen ligas fuertes) y para que pueda haber jugadores y entrenadores que elijan el alto rendimiento deportivo como opción de vida, única manera de prenderse al mundo deportivo internacional.

Está demostrado que es viable en este país, de tamaño y población similares, por ejemplo, a Lituania y Serbia.

 

-¿Por qué le ganaste 2 veces a Paysandú de visitante. ¿Acá en realidad hubo el 50% de parte de jugadores y técnico para la consagración?

-No. Yo creo que las consagraciones son de los jugadores, por lo cual no me verás ni en las fotos ni retirando medallas o trofeos. Los demás tenemos que cumplir cada cual con nuestra función para que ellos puedan desarrollar su juego pero si lo hacen ganando, el mérito es de ellos.

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