La primera Vuelta del Uruguay, inolvidable y sufrida
Les contábamos ayer las vicisitudes que les tocó vivir a los organizadores de la primera Vuelta Ciclista del Uruguay. Tarea no menor para los ciclistas participantes recolectando material para sus bicicletas, mientras que los vehículos acompañantes eran objeto de arreglos mecánicos sabiendo el esfuerzo a que iban a ser sometidos.
En el momento de la partida, todo tipo de vehículos, de todos los tiempos, incluyendo el clásico Ford T, motos con «sidecar» y hasta algún valiente que pretendía acompañar en bicicleta (caso de Idefonso Soler, acompañante de su hermano Luis Modesto).
Luego de varias llamadas, los competidores se alinearon frente a la Intendencia y sobre el mediodía se inició la marcha por 18 de Julio. La despedida tuvo tintes dramáticos, llantos, abrazos, besos todo como si fueran a combatir un feroz enemigo. En cierto modo tenían razón porque luchar en el camino era combatir contra un enemigo más que feroz, destructivo.
Cuando los ciclistas se pusieron en marcha, la mayoría corría a su lado cargado de emoción. Y entre los aplausos y vivas se escuchó «muchachos, llegar es triunfar». Esto se transformo en una consigna legendaria que aún hoy palpita en el sentimiento de los pedalistas. Todos eran concientes del sacrificio que se debía realizar para culminar, no importaba en qué lugar … lo principal era llegar. Uno sería el ganador y éste fue Leandro Noli del «Club Nacional de Football», como se decía en ese tiempo. Su triunfo lo logró en la 2ª etapa corrida entre el barro de San José a Colonia.
Junto con Paulino García del club «El Túnel» de Sayago, llegaron a Colonia con más de 20 minutos de ventaja. Luis Modesto Soler, pese a ganar 6 de las 8 etapas, sólo alcanzó el tercer puesto. Estos fueron los primeros en la general, pero los triunfadores fueron los que culminaron el esfuerzo, entre los que se encontraba Aladino Boffa, figura señera y noble del ciclismo canario y de su pueblo, Juanicó, entre otros que figuran en el gran álbum de los recuerdos.
Un sinfín de anécdotas
Hablando con el Pocho de Los Santos nos comentó que en la Vuelta muchas veces tenían que bajar de la bicicleta para «abrir la tranquera» por tratarse de caminos vecinales y se pasaba frente al casco de estancias donde gallinas y patos se cruzaban delante de ellos y tenían que apartarlos sacando los pies para no pisarlos. «En algunos de esos lugares nos deteníamos y nos alcanzaban frutas y comida para luego proseguir», aseguraba De los Santos.
También, nos comentó que una costumbre respetada por todos era permitir que un ciclista se adelantara en un pueblo para detenerse a saludar a sus familiares que lo estaban esperando y cuando llegaba el pelotón se incorporaba a éste sin problemas.
«Recuerdo que en una oportunidad, rumbo a Rocha, en el pasaje por San Carlos me esperaban mis padres.
Pedí autorización para adelantarme y cuando llegué a ellos nos abrazamos. Mi madre me preguntó que quién es el ciclista flaco con malla blanca que pasó por aquí hace ya como 10 minutos. Debe ser el Juancho (Tiscornia) le contesté, que no lo vi en el pelotón.
Cuando me integré al mismo corrió la noticia y todo el mundo a perseguirlo.
No lo alcanzamos pero llegamos cerca, gracias al aviso de la «vieja». Así eran los ciclistas de ese tiempo, donde el competir era más importante que los premios. *
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