El fútbol uruguayo es indestructible
Soportando la peor conducción directriz del fútbol uruguayo y paralelamente también los escandalosos resultados deportivos en nuestra contra, el Club Nacional de Fútbol reinaugura el Parque Central, mostrando un ingenio incomparable de sus dirigentes, hinchas y allegados anónimos que contribuyeron en todos los planos posible.
Este es un verdadero milagro que asombra al mundo futbolístico por la magnitud de esta infraestructura, aportando un patrimonio tan necesario para acrecentar la fe tan disminuida en tiempos de Figueredo.
Después del fracaso estrepitoso de la sub-20, está en marcha la otra gran desilusión que tendremos que tolerar en el sudamericano de la categoría sub 17 en Venezuela, pues el sábado pasado fuimos testigos de un partido de entrenamiento de dicha selección.
Luego de un año y medio de entrenamiento, notamos un atraso general en cuanto a técnica, como por ejemplo la de un zaguero, que cuando comenzo parecía un pedazo de Manicera, sin embargo para nuestro asombro, el sábado en el Charrúa, lo vimos pegando bombazos sin destino a la guinda. Parecía que la pelota le quemaba en los pies e imagino que esta transformación es inducida por el técnico, que marca un claro concepto de jugar el fútbol, cuando estas formas están perimidas en el mundo entero.
Para no ser menos nuestra selección mayor pasa por desavenencias y desencuentros tan notorios, que en vez de reforzar la confianza, produce un sentimiento pleno de dudas sobre una clasificación cada vez más comprometida. La confusión nos gana a todos, pues no conocemos los criterios del entrenador para convocar a los jugadores. Generalmente, cuando los combinados uruguayos comenzaban sus entrenamientos, los más aptos, por experiencia y trayectoría, formaban el bloque o el esqueleto del equipo. Luego se complementaban con los jugadores de alta performance inmediata y en ese sentido hay nombres cantados, por performance inmediata y también por trayectoria inmediata, que por suerte fueron citados.
Sín embargo, las figuras que nos pueden dar la tranquilidad de una clasificación, están cuestionadas por diferencias inexplicables, para los que como nosotros estamos al margen de estos programas criollos, émulos del famoso «intrusos», que nos atomiza desde la vecina orilla.
Creo que de una vez por todas deberíamos concretarnos a dirigir y jugar, cada cual con una responsabilidad personal concerniente a su labor.
No conozco otra forma de ganar cosas importantes que el agruparnos en torno a la milagrosa camiseta, con el sostén ineludible de la afición fùtbolística, que en definitiva parece ser la más criteriosa en sus conceptos de unidad. Por eso lo del título, a nuestro fútbol no hay con qué darle. *
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