Peñarol y Casal, embretados
Peñarol, Bueno, Bizera, «Cebolla» Rodríguez, la hinchada carbonera, el Grupo Casal, y el fútbol uruguayo todo, son rehenes de una situación lamentable.
Los jugadores no quieren quedar mal con su contratista. El caso de Martín Del Campo, que desconociendo consejos, «hizo la suya», y hoy lo paga muy caro, escenifica el dicho que «el que ve las barbas de su vecino arder, pone las suyas en remojo».
Bueno rechazó hace casi un año una oferta por la cual, él y la entidad aurinegra estarían a la fecha muy cómodos económicamente, pues el Grupo Casal le recomendó desechar la propuesta por entender, con razón, que los estaban «mejicaneando».
Es decir que si el ejemplo cunde, Peñarol no podrá vender a los dos jugadores sin la participación de Casal, Aguilera o quien corresponda. No existe, y lo peor es que para el futuro no existirá, en estos casos libertad de mercado, siendo la entidad mirasol rehén de los designios de Casal.
Gran parte de los análisis que se tejen sobre el punto centran el problema en el duelo Damiani Casal, craso error.
A la fecha, y las permanentes expresiones públicas de Badano lo demuestran, en Peñarol existe una posición principista unánime en el tema en cuestión.
Quizás Damiani con su impronta personal ha llevado la situación a los extremos actuales, pero una vez en este punto, el tema pasó a ser institucional.
No surge en el panorama a corto plazo una fórmula de arreglo que no pase por una oferta de compra de los jugadores aceptable por parte del propio contratista. Peñarol tiene la obligación que su grandeza y jerarquía le imponen de defender su patrimonio.
Pero no obstante ello, a la fecha está metido en un brete.
Cada cual ha marcado su posición, pero, ¿cómo se sale del paso?
La única forma lógica es que los jugadores, comprados a un precio razonable por Casal, sean cedidos a Peñarol, que oficiaría de vidriera para los mismos, jueguen por la selección y en el período de pases de julio sí busquen su transferencia al exterior.
A la fecha ambas partes están enfrentadas a un callejón sin salida, y lo tienen claro. Tendrían que tener la altura moral, y la visión económica de entender que «ya fue», y sentarse a encontrarle una situación definitiva al punto.
En medio de estas intrigas palaciegas, una vez más el perjudicado es el sufrido hincha de fútbol. *
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