Nacional en la copa, un cachetazo de realismo
Se disputó sobre finales de enero la segunda edición de la Copa Conrad, y a partir del título obtenido por Nacional, y en base a la pléyade de «jugadores de nombre», se empezó a tejer una hipótesis de que el tricolor estaba para pelear por algo importante en la Copa.
Sin ningún sustento, pues en Punta del Este alcanzó el título por la gracia de los penales, se comenzó a hablar en forma poco lógica de un equipo con aspiraciones.
Incluso, el segundo tiempo de su partido con Colón y el buen rendimiento con Sporting Cristal abonaron la citada tesis.
Apenas transcurridos los primeros diez minutos en la tardecita del martes del debut tricolor en la Copa, la superioridad técnica, física y de procedimientos del Junior de Barranquilla daban por tierra con el espejismo que algunos pretendieron ver.
Nacional no tuvo ideas, y vimos cómo jugó por momentos al mejor estilo Gregorio Pérez en Peñarol, con pelotazos frontales y ausencia total de desbordes por laterales.
Pero más allá de lo estrictamente deportivo, de lo cual mucho se ha hablado, el partido deja otras conclusiones.
Nacional desde su misma clasificación a la Copa, hace ya dos meses, supo que cualquier posibilidad seria de superar la primera fase de la Copa debía contar como condición necesaria, pero no suficiente, ganar sus partidos de locales, especialmente los partidos contra Olmedo y el que surgiera de la llave preclasificatoria entre Junior y Oriente Petrolero.
Es decir que Nacional desde el vamos debía rendir a pleno. No obstante, algunos jugadores, de los de más nombre, aprovecharon el poco tiempo de trabajo del que disponían para sus gestiones particulares.
Abreu, quien parecía que se iba a Europa y luego a River argentino, comenzó tarde los entrenamientos, y luego quedó efectuando unos días papeleos en Buenos Aires.
Medina estuvo «haciéndose europeo» solucionando los papeles respectivos.
Alvez, con una forma física impropia para un deportista profesional, se dio el lujo de dejar los entrenamientos porque no se le firmaba el contrato.
Méndez, cuya cédula de identidad no le posibilita «dar changüí», también estuvo remolón, en base a reclamos que corresponde expresar, son por demás válidos.
Es decir que, salvo que el profesor Fabián Moreno, preparador físico albo, fuera realmente un mago, en lo atlético, el equipo no iba a estar a punto.
Pero no solamente Nacional falló en lo físico, sino también en lo técnico, pues el equipo de los Céspedes no hilvanó tres pases seguidos.
Y si a esto agregamos que no encontró los antídotos para superar esa dinámica visitante cuando Junior manejó la pelota, y la tenacidad colombiana para enredar a los creadores albos cuando Nacional debió lanzarse en búsqueda del arco contrario, el panorama fue caótico.
Lamentablemente, si bien en lo personal no esperábamos una gran actuación, quizás tampoco esta paupérrima expresión futbolística.
Peñarol ya es historia en la Copa Libertadores, Nacional arrancó muy complicado, y Danubio disputa una de las zonas más difíciles del torneo. Moraleja, una nueva frustración que se va gestando para el alicaído fútbol uruguayo.
Lo del martes 15 entre Nacional y Junior fue un cachetazo para los ilusos que siguen soñando. Nosotros preferimos asumir la cita bíblica de que «por sus frutos reconoceréis el árbol», y nuestros árboles son tan humildes como nuestro fútbol local, sumido en la mayor crisis de su historia aunque sus dirigentes lo intenten desconocer. *
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