Ese viejo tramposo que es el tiempo, nos vive engañando

Un sentimento de desazón compartida experimentamos todos los que de una manera u otra estamos vinculados al fútbol. Peñarol, Nacional y nuestras selecciones no encuentran el rumbo en sus eventos internacionales y resalta aún más esta perjudicial conducción encabezada por el Sr. Figueredo, donde los desaciertos parecen no tener fin. Quisiera creer que este partido jugado por nuestra selección mayor, en Alemania, es un eslabón más de esta cadena construida por estos «nabos a pedal», que con sus decisiones, aceleran cada vez más el notorio deterioro de nuestro querido deporte.

Seguramente, basados en anteriores logros, cada vez que salta a la cancha un equipo uruguayo en el exterior, todos experimentamos la misma sensación triunfal de antaño. Parece que todavía no nos damos cuenta donde estamos ubicados en el mundo futbolístico moderno.

El tiempo puso una franja nebulosa donde sólo aparecen nítidos, los recuerdos de épocas gloriosas y rechazamos instintivamenete cualquier otro sentimiento que nos marque la realidad; estamos enfermos de esperanzas.

Ayer Peñarol jugó toda su remota chance de participar en la Libertadores frente a la mediocre Liga Universitaria de Quito. Había que remontar un 3-0 pero es imposible ir contra la lógica dadas las actuales circunstancias. Sin embargo permanece latente esa ilusión tan particularmente uruguaya, que todos participemos del convencimiento pleno de una hazaña que sólo nosotros creemos posible de realizar.

Este crédito que hace años nos otorgó la historia y nosotros hacemos uso y abuso del mismo, es el mismo que luego nos sumerge en una frustración colectiva cuando estos resultados negativos nos postergan continuamente en la consideración mundial. De todas maneras están los mercaderes de turno, que nos muestran un horizonte promisorio, donde sólo la intención de beneficios propios sustenta esta realidad,

Resaltar una opinión sobre un fútbol al borde del nockaut me parece muy artero, porque la objetividad pierde su contenido, pues está lejos de mí diagnósticar sin presentar la solución. Considero que es de un facilismo al que no acostumbro.

Todo lo contrario. El camino a seguir para lograr una recuperación es muy prolongado y sinuoso y quienes se embarquen en semejante misión deberán ser los que hoy permanecen alejados.

Los que nos embarcaron en esta confusión y los cómplices, están perfectamente identificados por una afición fútbolística que permanentemente les da la espalda. El fútbol es por plata como lo manifiestan estos modernos mercaderes de la guinda, pero lo que ellos no sospechan, es que al fútbol también se juega por honor y de esto, no tienen idea… *

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