El libro del picaflor
— Picaflor, ¿qué información tiene para regalarme hoy?
— Usted se ha puesto más fino que ratón de confitería. ¿Qué clase de información le interesa?
— Una bomba que estalle y sacuda la modorra del fútbol uruguayo.
— A ver, a ver… Ta’, hace unos diez días, El Picaflor visitó la frontera norte del país…
— No me diga más nada, anduvo bagayeando.–
— No señor, está injuriando y agraviando porque el Troquílido no trajo ni un paquete de ticholos de Rivera…
— Bueno, vaya al grano y no se caliente.
— Cuando los socios, allegados, y ex dirigentes de Frontera de Rivera se enteraron de la presencia del plumífero, lo invitaron a un asado que, dicho sea de paso, era de excelente calidad. Una carne de exportación… Charla va, charla viene, los anfitriones le comentaron al plumífero que están trabajando de a poco, con el objetivo de reintegrarse al profesionalismo, cuando abandone la AUF la administración Figueredo.
— ¡No me diga!
— Están muy entusiasmados pero dicen que con esta organización y estructura no quieren volver a competir porque quedaron muy disgustados con el trato que les dieron. «Cuando uno se quema con leche, ve la vaca y se pone a llorar», comentó uno de los asistentes. Otro de los parroquianos que estaba en el asado, contó una anécdota que dejó perplejo al Troquílido.
— Cuente, cuente.
— El hombre comentó en voz alta, mientras el asado se ponía a punto: «el fútbol profesional, está muy podrido. Hay muchos intereses en juego. A Frontera lo mataron; mejor dicho, lo mandaron matar. Y eso no lo decimos nosotros sino que lo dijeron los propios árbitros que se acusaron mutuamente. Acá, nos pasó una cosa insólita. Un día, nos aconsejaron y nos dijeron que si queríamos cambiar la pisada y empezar a mejorar los resultados, teníamos que darle plata a algunos jueces. Un día, un allegado se enteró que con U$S 3.000 se podía asegurar un resultado, se encontró con un árbitro en el Bar El Chupete, en pleno centro de Rivera y le entregó el sobre con la guita… Otra vez, nos pidieron la misma guita para arreglar un resultado para asegurar que no descendíamos y como no accedimos al planteamiento, marchamos nuevamente a la «B», comentaba el paisano, mientras se aprontaba el asado en la parrilla…
— Esto que le contaron es muy grave, Troquílido.
— El hombre que relató el soborno al juez, era apoyado por otros comensales que agregaron datos concretos de cómo se plasmó la entrega de dinero. «Para despistar un poco y lograr que las miradas convergieran en el preciso momento que se entregó el dinero, llevaron a una rubia despampanante que se robó las miradas. Aprovechando esa maniobra, el juez agarró el sobre con los U$S 3.000 y se fue a dormir al hotel, porque al otro día se jugaba el partido», acotó el riverense, que bebió un sorbo de vino y provocó hilaridad en los presentes. La anécdota, es que el equipo jugó tan mal ese partido, que el juez no sabía cómo «ayudarlo». ¿Qué me dice?
— Tire la cadena Troquílido, que no soporto más el olor. *
Te recomendamos
el mundial opacado
El caso Omar Abdulkadir Artan: deportación, racismo y escándalo en la antesala del Mundial 2026
Omar Abdulkadir Artan, el mejor árbitro de África, tenía los documentos al día, la VISA aprobada y todo en regla: iba a dirigir un partido del Mundial de Fútbol y Trump le rompió el sueño.
Compartí tu opinión con toda la comunidad