La diferencia es el golero

Nacional y por ende el fútbol uruguayo, ha encontrado en Sebastián Viera, un golero de soberbias condiciones técnicas, físicas y espirituales. Quizás desde la aparición del formidable Ladislao Mazurkiewiecz, no surgía un arquero con una incidencia tan marcada en el funcionamiento de su equipo. Los diferentes planos tácticos del fútbol moderno, han convertido a los goleros en unos campistas más, los zagueros centrales y muchas veces también los medios campistas, se descargan con pelotas comprometidas, dependiendo de la habilidad en el juego que los goleros posean con el pie.

En el caso particular del arquero albo y puntualmente en los dos últimos partidos, resultó fundamental lo realizado por este golero. Frente a Wanderers tuvo no menos de ocho tapadas extraordinarias, permitiendo incluso, una mayor proyección ofensiva de sus zagueros, pues tienen la plena convicción de la invencibilidad de su valla. Para vulnerarlo, se debe originar una jugada extraordinaria como la protagonizada por Sergio Blanco convirtiendo un golazo para los bohemios y dentro del área. Llama también la atención las respuestas técnicas que tiene. Es ambidiestro, jamás se tira con las mano cambiada y tiene una «brújula en la nuca» porque registra mentalmente sin ningún esfuerzo, todo lo que pasa en el área, razón por la cual transforma los siete metros veinte del arco, en apenas cincuenta centímetros para cada lado, pues domina el achique cerrando todos los ángulos de tiro.

En fin, estamos en presencia de un «no seriado», de ilimitable proyección y sin llegar a la arbitrariedad de una comparación, llegamos a una conclusión real: estamos disfrutando sin temor a equivocarnos, de la presencia del mejor golero de América y muy posiblemente, si concurrimos al mundial, seremos testigos contemporáneos de la consagración de un uruguayo como el mejor arquero del mundo… *

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