El clásico de la esperanza
Tuve que retrotraerme en mi memoria para recordar un clásico tan bien jugado como el del pasado domingo. Con atractivos ingredientes futbolísticos, que colmaron la sensibilidad de quienes priorizan la técnica por sobre las otras valencias mecánicas.
El buen gusto por jugar prevaleció, tanto en un equipo como en el otro y por supuesto los beneficiados fuimos los espectadores que disfrutamos de un espectáculo muy agradable.
Pero por encima de todo, me seduce el jugador Carlos Diogo, porque juega y lucha en la misma proporción, desvirtuando el viejo y arcaico concepto, de los volantes de marca y los de armado.
Este espléndido jugador en ciernes, encara y driblea, es salida permanente de su equipo y se proyecta, cumpliendo diversas funciones sin menoscabar su capacidad técnica.
Cristian Rodríguez, un habilidoso natural con «caja de quinta», Daniel Pereira, le pone personalidad a la mitad de la cancha aurinegra y juega mucho más de lo que muestra. Si se suelta y acompaña a sus delanteros, estamos también en presencia de un volante con la dualidad adecuada de un mediocampista moderno.
Más allá del resultado, el juego protagonizado le abre a Nacional una expectactiva muy singular, desde Sebastian Viera confirmando actuaciones consagratorias ya dejó de ser una promesa, para convertirse en un golero de una clase incuestionable; Ignacio La Luz, a punto de convertirse en un lateral-volante, como los de antes, como los de siempre. La continuidad que le brinda la titularidad en un conjunto como Nacional, seguramente, va en camino de dimensionarse mucho más allá de lo local.
Y Gonzalo Castro. Quiero sustraerme de toda subjetividad al referirme a este futbolista ¡Que jugador! Es habilidoso, pero también posee una repentización llamativa, resuelve en una baldosa y es un «brasilero» centreando.
En definitiva estamos ante una generación de nóveles fútbolistas en ms equipos que alientan a pensar, que a pesar de la peor conducción de la AUF, surgen situaciones alentadoras como las que vivimos el domingo.
De todos modos admito la importancía de un idóneo en la dirección técnica del equipo de Los Céspedes, como de León que prioriza los buenos jugadores, pero sabe encontrar el balance adecuado disponiendo a Oscar Morales en una posición de contención y entrega, junto a la categoría de Gustavo Mendez, que jugó bien de lateral y lo hizo mucho mejor de volante.
En fin, un Nacional de principio de año plagado de dudas a este con posibilidades reales en un acierto de sus dirigentes que es digno del mayor destaque. *
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