Como siempre frente Argentina dependemos de lo emocional
El partido del sábado, ante los rivales de siempre y circunstancias totalmente diferentes, ya que ellos pasan por su mejor momento, diría que de toda su historia futbolística, nosotros seguimos expuestos a la peor conducción directriz de que se tenga memoria, por la que nuestra selección sufre consecuencias nefastas dentro de la cancha, desencuentros, lesiones, deserciones inexplicables, vueltas atrás, cambio de técnico, cuando aún teníamos posibilidades y un sinfín de errores acumulados durante estos ocho eternos años de presidencia de este pequeño gladiador, en los que particularmente en su vida personal le va de «fiesta» y paralelamente nuestro fútbol sufre la peor crisis de su gloriosa historia.
Decimos que estamos prácticamente eliminados del próximo mundial en Alemania, queremos marcar con énfasis este pensamiento, pues no deseamos ser complices de optimizar una supuesta clasificación, para luego tratar de justificar un nuevo desencanto.
En lo estrictamente futbolístico diríamos que mantenemos una remota chance, basada en el espíritu de nuestros jugadores, que deberán, una vez más, tirar los dados en circunstancias totalmente adversas, en fútbol, muchas veces tres metros de suerte, valen más que diez años de arduo trabajo, sí nos reiteramos en el manido concepto de la «garra», también debemos establecer que la ausencia del capitán, Montero, nos deja sin la muleta que en los últimos partidos le ordenó la defensa, reanimó emocionalmente a compañeros, contagió todo eso que dispone en su caudal personal, un futbolista que como Paolo Montero mantiene una vigencia permanente de clase al más alto nivel.
Por otro lado, la selección encuentra en ese momento tan especial, un golero de una solvencia que impresiona, por su corta edad, por su poca experiencia y sin embargo, con una naturalidad llamativa, le pone un candado a la valla celeste, que habría que retrotraerse muy atrás, para encontrar una similitud con semejante arquero.
La línea de tres de Uruguay deberá estar muy concentrada, para salir a los cruces atrás de los laterales, donde Diogo se toma el buque constantemente y la tarea de los volantes se verá incrementada. Por el lado izquierdo se produce una idéntica situación, Cristian Rodríguez, se caracteriza, también, por su proyección ofensiva, obligando al volante y zaguero de su sector a coberturas y relevos. *
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