MARTIN LIGÜERA, APTO PARA SER EL CONDUCTOR DE NACIONAL EN EL CAMPO

"A los diecisiete años creía que me las sabía todas"

Cuando Hugo De León llegó a Nacional a comienzos de 1998 y realizó una depuración «a fondo» en el plantel tricolor, pocos hinchas compartieron su decisión de prescindir de Martín Ligüera, un talentoso volante ofensivo que había ascendido meteóricamente a Primera División después de destacarse en cada una de las categorías formativas en las que había jugado.

Algunos conocedores de «la interna» del club justificaron la medida tomada por el técnico, argumentando que el juvenil floridense «se había mareado» con su vertiginosa carrera. Por aquel antecedente causó extrañeza que en este segundo ciclo del riverense al frente de los tricolores, Ligüera llegara prácticamente en forma conjunta con el técnico; De León dijo que este jugador «era muy diferente al de aquellos tiempos, que había madurado en varios aspectos y eso se notaba en su juego».

En diálogo con LA REPUBLICA, el volante parquense ratificó las opiniones del técnico, reconociendo que «en esos momentos tenía mucho menos sacrificio, con el correr de los años he aprendido que debo brindarme en beneficio del equipo»; el floridense recordó en aquellos momentos vivir de otra manera, mucho más inconscientemente «porque tenía diecisiete años y creía que me las sabía todas, esa es principal diferencia entre aquel Ligüera y éste».

«Yo quiero jugar»

Después de aquella salida prematura de Nacional, Martín esbozó por momentos su categoría con la camiseta de Cerro y Defensor, pero sin lugar a dudas tuvo en Fénix su mejor momento futbolístico, con la dirección de Carrasco, la que lo catapultó a jugar en la Selección uruguaya y su pase al Mallorca español. En el cuadro insular, sin embargo, jamás pudo afirmarse, ya que entre la poca confianza que le tuvo el técnico y una pubalgia, apenas jugó seis partidos en un año.

Llegó a los tricolores y en quince días lleva cuatro cotejos disputados, lo que lleva a pensar que en cualquier momento va a sentir el esfuerzo físico, pero el jugador ni siquiera pensa en «descansar» mientras pueda seguir rindiendo: «Por mí no quiero descansar nunca, tengo unas ganas de jugar al fútbol tremendas… creo que pasa todo por la cabeza, con la motivación que tengo después de estar tanto tiempo sin jugar ni me acuerdo del cansancio… por supuesto que por momentos lo siento» reconoció, «entonces por ahora le aporto al equipo algunos buenos momentos y otros capaz que no son tan buenos. Por fortuna tengo el respaldo de Hugo que me está bancando, y eso es invalorable».

Partido cerrado

El número diez tricolor asume la conducción del equipo para alimentar a los dos goleadores, Medina y Abreu, y de alguna manera se siente responsable en los momentos difíciles, por eso reconoce que «Liverpool es un equipo muy complicado y yo quiero estar adentro; tiene las características propias de los equipos que se cierran muy bien en el fondo, por eso al partido me lo imagino muy cerrado, muy trabado, por lo que deberemos aprovechar las chances que se nos presenten.

Contra Fénix las que tuvimos las aprovechamos, a pesar de que entramos dormidos y ellos en otro cambio más arriba, moviendo bien la pelota mientras nosotros no encontrábamos los espacios, pero por suerte pudimos mejorar, ser contundentes, y eso nos permitió quedarnos con los tres puntos y seguir en la punta.»

El «chiquilín» que vivía «para la pinta» cuando llegó al plantel principal tricolor se ha convertido con el paso de los años en un jugador mucho más serio, que parece estar apto futbolística y sicológicamente para ser el conductor que a Nacional le estaba faltando. *

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