Renuncia de Bielsa: se alejó el Rinus Michel rosarino
La renuncia de Marcelo Bielsa a la dirección técnica de la selección argentina de fútbol, provocó a nivel de AFA, y de todo el ambiente del deporte un sin fin de comentarios.
El fútbol argentino perdió una figura que generó en la selección un fenómeno inusual. En los tiempos que vivimos mucho se habla de que los técnicos de las selecciones son meros convocadores de jugadores. No obstante, Bielsa, en un país cuyo fútbol local posee un juego de gran velocidad, le aportó una dinámica y un sentido colectivo de juego, que no admite sino elogios. En la selección logró plasmar un trabajo propio de un técnico de club. No escatimó esfuerzos en sus trabajos tácticos, y el equipo se ensambló a nivel de un club con el que se puede trabajar diariamente, lo que constituye sin duda alguna un mérito mayúsculo.
Los seis años del rosarino al frente del combinado deben circunscribirse a uno de los jalones más relevantes en la historia del fútbol argentino.
Los contenidos tácticos y estratégicos que Bielsa aportó al mundo del fútbol merecen el mayor de los destaques.
No fueron años fáciles los que vivió. Sufrió una permanente crítica del «lumpenaje futbolístico». Se le criticaba que tenía «poco vestuario». Se le cuestionaba que era demasiado culto.
Vivió el permanente acoso de Bianchi que anhelaba el cargo, y de toda la parcialidad boquense, que hace tiempo que no coloca a un técnico bostero al frente del combinado.
La prensa lo criticó sin solución de continuidad, y sin embargo, el ahora ex técnico los respetó y reconoció siempre. Tuvo la grandeza de alabar a Alejandro Apo, comentarista de Víctor Hugo, reconociéndolo como el mejor comentarista, y a quien él respetaba y escuchaba, a pesar de que un día sí y otra también pedía el nombramiento de Bianchi. ¡Que distinto a la soberbia demostrada por algún técnico que sufrimos en nuestra selección!
Los resultados no reflejan la grandeza de su obra, y si bien dice la Biblia, «por sus frutos reconoceréis el árbol», dicho pronunciamiento no se aplica al rosarino.
Su árbol es de los más aceitados y modernos que se conozcan a nivel mundial, y logró que el combinado albiceleste fuese protagonista en cualquier cancha del mundo. Argentina bajo su conducción se consolidó como un grande del mundo, siendo su juego siempre protagónico, sin olvidar la figura táctica. Demostró que la manta no tiene porque ser corta. Con la producción en las olimpíadas con diecisiete goles a favor y ninguno en contra, demostró que se puede ser ofensivo sin regalar nada.
Su acción y pensamiento, plasmaron la mejor muestra posible de la utilización de la línea de tres y el trabajo de los carrileros. El Sorín de la selección de Bielsa, es el desideratum en el trabajo de un carrilero, por citar apenas un ejemplo.
Y si bien los resultados no reflejan lo óptimo de su trabajo, decidió alejarse de su cargo en el momento de su mayor gloria.
Habiendo ganado en forma cómoda las eliminatorias pasadas, no tuvo suerte en el Mundial y siendo protagonista quedó eliminado en primera ronda, para luego ganar el Preolímpico, merecer el título en el Sudamericano, y volver con la medalla de oro de Atenas.
Su alejamiento en el momento de máxima gloria embretó a Carlos Bianchi, que valoró, que con un Grondona que lo buscaba nombrar más por compromiso que por convencimiento, y con poco para ganar y mucho para perder no debía asumir el cargo.
Bielsa supo dejar una Ferrari en su mejor momento, y Bianchi debería haber sido Schumacher, y sino hubiese sido fracaso. Al calvo técnico ex bostero no le dieron las cuentas, quizás recordó su fracaso cuando dirigió en Europa, difícilmente sean sinceras sus excusas familiares.
Argentina y el fútbol mundial perdieron momentáneamente a un ser humano que construyó la versión sudamericana de la naranja mecánica, y creemos que se lo va a extrañar mas allá de la jerarquía de Peckerman, su sustituto. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad