Bueno y Abreu son goles en contra de Casal
En el corto plazo de veinte horas, los presidentes de los clubes grandes asestaron un golpe importante al poder del Grupo Casal sobre el fútbol uruguayo.
La situación creada en torno a la decisión del Consejo Directivo de Peñarol en relación al pase de Carlos Bueno, cuyas secuelas resultan por el momento impredecibles, aunada a la incorporación por Nacional de Sebastián Abreu, lo que constituye un hito en el presente período de pases, sin ninguna injerencia del Grupo, constituyen a no dudarlo dos hechos significativos en el posicionamiento futuro de los actores de nuestro fútbol.
Sin temor a equivocación, nuestro fútbol, que está enfrentado a su más importante crisis económica de la era profesional, pareciera estar viviendo una etapa de cambios.
La Mutual no es la misma que temporadas anteriores, habiendo perdido peso la injerencia del Grupo en la dirigencia gremial.
Nacional concretó la transferencia de Munúa, sin la participación del contratista, y ello le valió un enfriamiento de relaciones, pero pareciera que «aguantó la tacada».
Ahora Peñarol, y no solamente su presidente Damiani, sino su Consejo Directivo, parecieron reivindicar su independencia de criterios, en una situación que buscaba crear otro antecedente de muy difícil digestión.
Y es precisamente en relación a la intachable decisión del Consejo Directivo del Club A. Peñarol, auténtico depositario de la soberanía aurinegra que nos queremos referir.
Comencemos por destacar la válida pretensión del jugador que mediante el pase al exterior buscaba «salvar» económicamente su futuro. Como nos sentiríamos cualquiera de nosotros enfrentados a esa encrucijada. No obstante, creemos que el jugador cometió en el nerviosismo por la situación creada, demasiados errores. Carlos Bueno es un ídolo de la hinchada aurinegra, y declaró lo suficientemente mal como para motivar los gritos en su contra de la parcialidad en el encuentro frente a Central Español, pareciendo que ha muerto el idilio que lo ligaba con la «12». Pero más allá de ello, arriesgó en demasía contra una posible transferencia «sine día». Bueno se jugó por Casal, ojalá sea retribuido en consonancia.
Pero a su vez, la posición de Peñarol es inobjetable, y por demás principista.
Si hoy se dejaba torcer la muñeca en los pases de Bizera y Bueno, mañana sería incontenible que la historia se repitiera con respecto al «Cebolla» Rodríguez.
El club fue fiel a su historia de grande, y decidió en forma soberana lo que era mejor a sus intereses. No obstante nos quedamos con una duda, el Mónaco francés, que había hecho en el período dos transferencias con Casal (Chevantón y Pérez), ¿no se habrá pasado de listo y quiso eludir el intermediario que le había recomendado al jugador?
Mucho antes de la intermediación de Rocha, ya se comentaba que Casal podía llevar a Bueno a Francia, por consiguiente tampoco es descabellado pensar que quisieron «mejicanearle» al jugador.
Sea como sea, en los hechos, la situación planteada genera a nivel local una brecha de la institución mirasol tanto con sus jugadores implicados como con su representante, que en el devenir de los días veremos cómo se resuelve.
El fútbol uruguayo cambió porque para muchos, jugadores y clubes incluidos, queda poco para perder. *
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