A 5 minutos de agrandar un complejo para toda la vida
La ciudad se tranquilizó, no hubo nadie en las calles y los restoranes estuvieron casi vaciós. Sólo en Copacabana uno de los lugares más frecuentados, un restorán tenía la mitad de las mesas de la vereda ocupadas. Pero sin duda era el de más movimiento, pues al lado hay una gigantesca discoteca llamada «Help», y los pocos clientes, estaban de paso previo al ingreso. Nada se hablaba del partido que horas antes conmovió a todo Brasil y que Uruguay estuvo a cinco minutos, de marcar de por vida y en sucesivas generaciones a los norteños, con un complejo que aún tienen. Se murió Rio, no hubo festejos y tampoco motivos para que las cervezas y caipirinha corrieran a granel. Uruguay rompió lo planificado por los comerciantes que se encargaron de poner grandes televisores en todos los locales. Un sentimiento de luto, nuevamente recorría la noche carioca, acostumbrada al bullicio sea cual sea el día de la semana. Pues para divertirse y tomar cerveza en la Avenida Atlantica (Rambla) no existen lunes, martes o miercóles, es igual que el jueves, viernes, sábado o domingo.
A la mañana siguiente, desde tempranas horas las distintas señales de televisión, repasaban las imágenes del partido y una lluvia de críticas hacia el proceso de la selección verdeamarelha, sus jugadores y el técnico cayeron machaconamente.
Golpe fuerte del periodismo local
Los diarios con grandes títulares contrarios a la selección local, pendían de los quioscos y se vendían como pan caliente. Los títulos eran similares y hacían hincapié en que la selección de Luxemburgo fue abucheada y silbada.
En las páginas interiores ácidos comentarios pedían sangre rápidamente, y si fuera de la cabeza decapitada de Luxemburgo mejor. Los jugadores no se salvaron y en el análisis individual de la actuación de los jugadores se pudo leer términos como: «Lamentable actuación», «Pésimo», «Â¡Jubilación ya! para Aldair y Antonio Carlos», «¿Cuánto más tendremos que soportar esta horrible defensa?», «Luxemburgo se debe ir» y «Ronaldinho ¿para qué?», entre otros no menos críticos pero nos llevarían varias páginas transcribirlos.
Leyendo todos los diarios, quizás la frase más completa y más demostrativa de lo que sienten hoy es la que aparece en el comentario del partido en la contratapa color de O Globo, y dice lo siguiente: «La selección brasilera mostró una vez más que fanfarronear contra los uruguayos no resulta».
Mientras, en un programa de televisión, se ridiculizaba a los jugadores y se mofaban de ellos, pero demostrando también un tono «chauvinista» que marcaba claramente los regionalismos existentes en Brasil. Que cuando se da la victoria y es festejo, quizás no se nota tanto. Pues reiteradamente se marcaba el fracaso de los «paulistas Roberto Carlos y Cafú», por ejemplo. Los cariocas indudablemente desde antes del partido estaban heridos, pues no había jugadores de ese estado en la selección de Luxemburgo.
El festejo de los 50 años fracasó
El encuentro por las eliminatorias encajaba perfectamente en el marco de los festejos que se prepararon con motivo de la celebración de los 50 años de la inauguración de Maracaná. Y en lo previo, los organizadores pensaron, mirando las estadísticas, que Brasil volvería a ganar de local. Desde el triunfo de 1950, Uruguay no ganó más en Maracaná. Sin embargo estuvo a cinco minutos, cincuenta años después, de lograr una victoria que hubiese acentuado aún más un complejo que arrastran desde aquella fecha y que se transmite a través de las generaciones. No hay brasilero que no sepa esa historia. E indudablemente si se lograba el triunfo por parte de los celestes, 50 años más vivirían hablando de estos antecedentes cada vez que se enfrentarán Brasil-Uruguay.
Es cierto y lo ví. Hablan más del triunfo de 1950, que nosotros en lo previo. Escriben sobre «el fantasma» que vuelve, e intentan decir que eso ya fue. Pero sin embargo al publicar y decir todo esto, comienzan a presionar a sus jugadores con el viejo tema. Que por más que las estrellas actuales, le resten importancia, les molesta que el periodismo local relacione cada encuentro en Maracaná con el del campeonato del Mundo de 1950.
Claro, intentan vengar el hecho más hazañoso que existió en la historia del fútbol, y que justo les tocó a ellos sufrirlo, pero no lo logran.
Por eso era fundamental para los brasileros ganar el pasado miércoles, pues era ideal para festejar el cumpleaños.
Sin embargo otra vez, Uruguay les arruinó la fiesta, como antes, como siempre.
Por eso nadie quiere hablar, los funcionarios del hotel que me prometían que Brasil le convertía dos o tres goles, ayer estaban de cabeza baja y apenas me saludaron.
Por eso desaparecieron las banderas de los autos y estaban tiradas en la vereda. Por eso, ayer por la mañana, la gente caminaba en silencio.
Sólo unos pocos se reían a carcajadas en una mesa compartiendo una cerveza sobre la avenida Toneleros, eran uruguayos.
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