Los Ole de la "torcida", el pato celeste y el "piquito" de Darío con el "Chino" Recoba

La Selección jugó un gran partido anoche y por momentos hizo que los hinchas locales cantaran por la celeste. En un momento del cotejo, los propios parciales brasileños gritaban ¡»Uruguay, Uruguay»! y «Â¡Oleee, Oleee!», mientras que cuando tenía el esférico el combinado de Luxemburgo, era silbado.

Invitados por Tenfield SA, estuvieron en Rio de Janeiro Alcides Edgardo Ghiggia, autor del gol que en 1950 dio la Copa del Mundo a Uruguay, Roque Gastón Máspoli, el golero uruguayo hoy con 82 años, el zaguero Eusebio Tejera y el volante suplente Juan Carlos González. Cincuenta años después, Ghiggia, rodeado de periodistas y fotógrafos, entró a la cancha del Maracaná y, visiblemente emocionado se dejó fotografiar junto al poste izquierdo de la valla que hace 50 años defendió el portero Barbosa, recientemente fallecido. Después de ejecutar un tiro al arco y hacer entrar la pelota en el mismo ángulo que en 1950, Ghiggia contó por milésima vez aquel gol histórico convertido a los 34 minutos del segundo tiempo: «El gol del empate surgió cuando yo levanté un centro hacia Schiaffino. Lógicamente, Barbosa, que era un golero excepcional, pensó que esta vez ocurriría de la misma manera, y salió del arco para defenderse de Schiaffino, pero yo disparé entre él y el poste izquierdo», contó. A su lado Máspoli comentó: «Ustedes tenían a Zizinho, un «crack» del nivel de Pelé, pero nosotros también teníamos grandes jugadores, como Ghiggia y Schiaffino». Mirando hacia las tribunas desiertas del estadio más grande del mundo, Ghiggia expresó que «este silencio me hace acordar de aquella final, cuando 200.000 personas quedaron en silencio».

El gol del olimareño Debray Darío Silva provocó gran emoción al pueblo uruguayo. Después que el delantero del Málaga español convirtió ese tanto, se abrazó con el «Chino» Alvaro Recoba y se dieron un «piquito» para festejar el gol.

Un show musical, pero sin la samba, la auténtica música brasileña, precedió el partido entre las selecciones nacionales de Brasil y Uruguay. Las bailarinas que fueron 44 y todas ellas muy hermosas, con trajes de colores verde y amarillo, se movieron al sonido de la música y fueron acompañadas por las casi 15.000 personas que a las 21 horas, cuarenta minutos antes del inicio del partido, colmaban las tribunas del Estadio Maracaná. Fueron seguidas por una presentación de la banda del Cuerpo de Fusileros Navales de Rio de Janeiro, que ejecutaron el himno nacional brasileño. Después hubo una suelta de globos y un estandarte con una leyenda haciendo referencia a los 50 años de Maracaná. Pero en ese momento ingresó la Selección celeste a la cancha, y hubo una gran desorganización. El himno ni se esuchó y una silbatina enorme bajó desde las tribunas. La mayoría del público, hinchas de Flamengo, comenzaron a gritar ¡»Fla-men-go!, ¡»Fla-men-go!».

El capitán uruguayo fue el que jugó más minutos con la Selección nacional por las Eliminatorias. Con el encuentro de ayer Ronald Paolo Montero jugó 1235 minutos con la gloriosa casaca celeste, siendo sin duda el futbolista más experiente del conjunto uruguayo.

Tomando en cuenta el cotejo de anoche, Brasil ganó 6 de los 8 partidos jugados ante Uruguay en el Estadio Maracaná de la ciudad de Rio de Janeiro en los últimos 50 años, mientras que Uruguay ganó 1 y empató 1, el de ayer. El que ganó fue el más importante, el 16 de julio de 1950 nada menos que en la final del Mundial ante 200.000 espectadores. Ese día, recordado como el «Maracanazo», fue el más triste de la historia deportiva brasileña y la mayor hazaña del fútbol uruguayo de todos los tiempos. Después llegaron los triunfos: en 1956 Brasil venció 2 a 0 en la Copa del Atlántico; en 1968 por 4 a 0 en un amistoso; en 1976 por 2 a 1 otra vez por la Copa del Atlántico; en 1979 por 5 a 1 en un amistoso; en 1989 por 1 a 0 en la Copa América, y en 1993 por 2 a 0 en las eliminatorias al Mundial 94.

El técnico brasileño Wanderley Luxemburgo debutó ayer en el Estadio Maracaná. Por primera desde su asunción en la selección brasileña Luxemburgo dirigió al equipo en Rio de Janeiro. Luxemburgo es un entrenador identificado con el fútbol paulista, donde dirigió con éxito a Palmeiras y Corinthians. Como si eso fuera poco, frente a Uruguay no fue convocado ningún jugador que actúa en alguno de los cuatro «grandes» de Rio: Flamengo, Vasco da Gama, Botafogo y Fluminense, éste último en Segunda División.

A pedido de la Asociación Uruguaya de Fútbol, anoche antes del partido no se entonó el himno oriental. Pero el himno brasileño sí se hizo sentir en todo el inmenso estadio carioca.

Al ingresar al estadio, se entregaron papeles con la letra del himno nacional brasileño, porque mucha gente no lo sabía. Una gran cantidad de personalidades de la sociedad local cantó el himno en la cancha. Ellos fueron Alcione, Carvalho, Aguinaldo Timoteo, Sagner, Jerry Adriani, Silvio César, Wanderley Cardozo, Martinho Da Vila, Nasaré Fabri, Marcelo Pires, Elizabet Carvalho, Bebeto, Roberto De Souza, Jair Alves De Souza, Pepe, Nenem, Potira Da Silva, Doguar Da Silva, Silva Rodríguez.

Ayer entregaron medallas por los 50 años que cumplió el Estadio Maracaná. Las medallas tenían un alto valor y fueron ofrecidas a las personas con alto poder adquisitivo, que estaban ubicadas en el palco oficial del estadio.

La mala suerte persiguió al delantero Elber (Bayern Munich – Alemania), en una nueva convocatoria para defender a la selección brasileña. Elber, quien arrancó de titular en el debut brasileño en las eliminatorias ante Colombia (0 a 0), tuvo que resignarse primero a ser blanco de fuertes críticas de los aficionados.

Pero la pesadilla no terminó ahí. El sábado, en un amistoso ante un combinado de Teresópolis, se perdió cinco goles «hechos» ante un arquero amateur y dijo adios definitivamente el puesto de titular. Si Elber pensaba que su calvario había terminado se equivocó. El martes en un entrenamiento en el Estadio Maracaná de Rio de Janeiro, pisó mal y sufrió una contusión en un dedo del pie izquierdo. El futbolista, apesadumbrado, fue desafectado del plantel y viajó a Londrina, su ciudad natal, para intentar olvidar sus penas.

Del plantel de jugadores que viajaron a Brasil, quedaron afuera de los suplentes dos futbolistas. Ellos fueron el defensor Diego López y el danubiano volante Richard Núñez. Es la segunda vez que López queda afuera del plantel, siendo la primera ante Chile el encuentro pasado jugado en el Estadio Centenario.

Unos 300 uruguayos asistieron al enorme estadio de Rio de Janeiro, donde alentaron toda la noche al conjunto que dirige el argentino Daniel Alberto Passarella. Los parciales charrúas con gran pasión alentaron con banderas de Peñarol, Nacional y Cerro (que decía en su leyenda Cerro Norte).

Varios radios del interior de nuestro país asistieron al encuentro por las Eliminatorias, acompañadas por las de Montevideo. Radios de las ciudades de Artigas, Maldonado y Guichón (departamento de Paysandú) viajaron hasta Rio a transmitir el apasionante encuentro premundialista.

Gran dispositivo de seguridad se armó adentro y en los alrededores del estadio. Unos 2.500 efectivos de la policía federal de esta ciudad se encargaron de la seguridad, en una época donde en Brasil hay muchos brotes de violencia en el fútbol. Además la zona de exclusión fue muy grande, de varias cuadras a la redonda.

El día previo al match,
los jugadores brasileños tuvieron una fiesta en la concentración.

Hubo un grupo musical que se hizo presente en la concentración, y el lateral derecho Cafú fue uno de los futbolistas de Wanderley Luxemburgo que cantó.

El popular «pato celeste» estuvo en la cancha. Con su característico carisma, alentando con todo a los muchachos celestes antes del partido y después festejó con los demás el valioso punto conseguido por los de Passarella.

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