Luz roja
Estoy frente por frente a Copacabana, 25 grados de temperatura y sin bañistas en la playa. Sólo algunos extranjeros que no se quieren perder la oportunidad del «chapuzón», me incluyo, y poca cosa más. En lo que concierne al partido de hoy, tampoco pasa gran cosa. Más allá en la calle. Si uno le pregunta al carioca por el partido, enseguida habla en contra de Luxemburgo, no hay que olvidar que el hombre es paulista. El carioca quiere otro fútbol, el de la samba, el que estoy viendo en los garotos que la «gastan» en las rubias arenas de Copacabana.
Luxemburgo es otra cosa. Es una especie de Carlos Parreira o del desaparecido Coutinho. Juego por excelencia táctico, muy meditado y sacando mucho provecho de los errores del rival.
Hoy Brasil sale con un solo objetivo, ganar o ganar. Vaya descubrimiento, así siente el fútbol el brasileño.
Cuatro en el fondo, tres juegan en la Roma, tres en el medio.
Dos de marca, Vampeta y el «tanque» Emerson, y tres puntas. Ronaldinho Gaúcho, Franca o Guillermhe y Savio. Sí señor, para los amantes de los punteros de línea, esta noche aquí en el místico Maracaná, Luxemburgo los pondrá otra vez en escena.
Uruguay «a lo Passarella»
La última vez que los celestes quisieron cambiar ataque por ataque, toque por toque, pisada por pisada, se llevaron cinco «garotos» de Maracaná. Fue por mitad de la década del setenta, cuando Raúl Bentancur dejó afuera de la Selección a Morena. El extraordinario técnico de juveniles, en cincuenta jugadores no citó al «Nando», para confirmar aquello de «cada maestro con su librito».
Esta noche Passarella arma un equipo raro para lo que a sido la historia de Urugauy, cuando enfrentó a Brasil o a cualquier equipo de visitante. Un solo volante de marca. El muchacho de Suárez, Pablo García, deberá pelearla frente a la fuerza de Vampeta o de Emerson. También tendrá que cortar los circuitos de Rivaldo con Savio o de Cafú con Emerson.
Es fundamental cuando se enfrenta a Brasil apretar la trepada de los laterales. Tanto Cafú como Roberto Carlos son verdaderos delanteros a la hora de ofender.
Cosa buena resulta que el entrenador argentino esté definido.
Cree en esta formación, no ve necesario que Giacomazzi por ejemplo le dé una mano a García. Confía en el sacrificio de O’Neil, en la dinámica de Gianni Guigou y en el ida y vuelta del «Nico» Olivera.
El entrenador argentino sabe que no se le va la vida en este partido y con inteligencia le ha sacado presión. Sabe al igual que todo el país futbolero que ganar o empatar en Maracaná a veces no se da ni jugando bien.
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