SIN INCONVENIENTES Y TRANQUILOS LOS CELESTES ESPERAN LA HORA DEL DEBUT

A Uruguay no le asusta Maracaná

La delegación uruguaya arribó a las 13 horas de ayer a Rio de Janeiro, treinta minutos más tarde de lo previsto. Allí los recibieron Osvaldo Gímenez que había llegado días antes para cuidar todos los detalles, 30 grados de temperatura y una multitud de periodistas, fundamentalmente locales. Salvo un intercambio de palabras de Passarella con uno de los guardias de la seguridad, no hubieron inconvenientes, e inmediatamente fueron trasladados en un ómnibus «súper confort» al hotel Sheraton donde se hospedan a la espera del partido de hoy. Inmediatamente los jugadores recibieron el almuerzo y luego pasaron a las respectivas habitaciones para tomar el descanso de la tarde. El lugar elegido es realmente espectacular, el «invierno» Carioca muestra sus playas con mucha gente tomando sol y haciendo todo tipo de deportes, y es el panorama que se puede observar desde el hotel donde está nuestro grupo celeste. Al final de la Avenida Atlántica, pasando Leblón y subiendo un morro, se encuentra este fantástico lugar. Cerca de las 17 horas fueron convocados para tomar la merienda y luego asumieron los 40 minutos de ómnibus hasta el coloso Maracaná, donde realizaron el reconocimiento del campo de juego y la iluminación. Este tiempo teniendo en cuenta que los autos y motos de la policía abren el camino, cortando todas las bocacalles e incluso semáforos.

Mítico Maracaná

Uruguay reservó la visita al estadio para su reconocimiento para las19 horas, ya que dos horas antes estuvo la selección local también realizando su entrenamiento. Cuando aún restaban 40 minutos para la hora pactada las sirenas rompieron con la calma de la muchedumbre de periodistas y anunciaron el arribo celeste. Diez minutos más tarde Antonio Pacheco fue el adelantado en pisar el césped y observar el majestuoso estadio seguido por el resto de sus compañeros que poco a poco fueron brotando por el túnel con camisetas azules númeradas y pantalón negro. El Chino Recoba con gran espíritu de colaboración traía el agua mientras los utileros transpiraban con un cargamento de pelotas y otros enseres que son utilizados en la práctica. El denominador común entre los jugadores, era el impacto que ocasiona pisar Maracaná y para muchos de ellos es la primera vez, y hoy será su debut en un estadio cargado de tanta leyenda y actor fundamental en la historia de los uruguayos en lo que a fútbol se refiere. Pero por encima del respeto que ello encierra y que varios asumen como una gran responsabilidad, contradictoriamente todos están de acuerdo en manifestar que no les asusta el estadio y tampoco Brasil. Para esa hora las luces estuvieron encendidas a pleno y comenzaron los ejercicios físicos de estiramiento muscular. Por otro lado y en el arco opuesto en el que Giggia convirtió el recordado gol en el mundial de 1950, Mazurkiewicz entrenó a los arqueros Carini y Berbia. Luego se pasó a ejercicios con pelota y se formaron dos grupos donde alternaron los jugadores que tuvieron que hacer el clásico papel de «monito». Al rato Recoba y O’Neill se apartaron y como distraídos comenzaron a tirar desde afuera del área sobre el arco de Carini, con pelota quieta, uno desde la derecha y el otro desde la izquierda. Intentaron ser informales, ya que había una legión de periodistas y mezclados entre ellos espías de la selección de Brasil. Pero para los uruguayos era claro que estaban tanteando el campo y el arco para la ejecución de faltas fuera del área desde los dos ángulos. Pasado un buen rato los dos jugadores realizaron un jueguito para dominar el balón y el resto finalizó los ejercicios y se aprestaron a afrontar a la multitud de micrófonos y cámaras que los esperaban junto a la raya de cal. Luego raudamente y escoltado por 6 motos policiales, 2 patrulleros, 3 ómnibus, 5 autos con dirigentes y el móvil de LA REPUBLICA que logró mezclarse en la caravana, la delegación volvió hacia el hotel. Allí los jugadores subieron a sus habitaciones para el baño reparador y bajaron cerca de las 21 horas para la cena. Algo de sobremesa y temprano fueron a sus cuartos para intentar soñar cada uno con el gran partido que disputarán hoy contra el gigante de América; Brasil.

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