La Mutual se puso los pantalones
El pasado jueves, la Mutual Uruguaya de Futbolers Profesionales (MUFP), resolvió ir a la huelga por entender que existe una serie de puntos conflictivos en su relación con la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y los clubes.
Por la medida adoptada, los jugadores profesionales pueden cumplir con su obligación contractual de entrenar, pero no así, con la participación en partidos oficiales a nivel de Primera y Segunda División.
En la resolución se dejó afuera a la actividad relacionada con la Selección uruguaya. Esta última excepción marcada por los jugadores, demuestra una mayor sensibilidad frente al núcleo seleccionado, que el marcado por los clubes que habían solicitado a sus convocados para encarar la última fecha del Torneo Clasificatorio, hecho que había dejado mal parado a Fossati, y que no hace más que confirmar los fuegos de artificios que supusieron las conversaciones realizadas en el Náutico.
Pero entrando al tema de la huelga decretada, si bien la plataforma es amplia, lo neurálgico de la misma versa en las deudas con Picún y Berta, por su incapacidad para continuar practicando fútbol, y el incumplimiento grosero de casi la mitad de los clubes de la Segunda Divisional al pago de tres salarios mínimos por jugador.
El tema de los resarcimientos a Picún y Berta, incluso admitidas por los obligados, no merece mayores abordajes, por la legitimidad notoria de dicho reclamo.
Por su parte, el tema del incumplimiento con los mínimos pactados entre la AUF y la MUFP a comienzos de la temporada, tanto para la Primera, como para la Segunda, es un dato objetivo. Porque más allá de que el tema se centró en la Segunda, hay conciencia por parte del gremio de que pueden existir también situaciones similares en algún club de Primera. Dice Serrat en una canción, «Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio».
La verdad es que los clubes no pueden pagar como sueldo mínimo los convenidos. Todos lo sabíamos. Algunos, los irresponsables de siempre, votaron y firmaron alegremente un convenio que les permitía arrancar, pero que sabían resultaría incumplible. Quizás, votaron pensando que a los jugadores no les iban a dar las fuerzas para decidir medidas tajantes.
En definitiva esta era la «Crónica de una muerte anunciada».
No existen treinta y siete equipos con capacidad de ser profesionales en nuestro país. Llegó la hora de la «selección natural». Los jugadores no merecen ser rehenes de la incapacidad dirigencial. Ellos exigen pero no cumplen. ¿Hasta cuándo?
En el Uruguay existe una crisis que pareciera no abarcó al fútbol profesional, pues nadie se animó a bajarse del caballo.
Los futbolistas actuando con coraje, quizás a costa de la pérdida de fuentes de trabajo, optaron por sincerar el negocio, enhorabuena. *
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