¿Concilio futbolístico o llenar el ojo?
El martes pasado se llevó a cabo en el «Quincho» del Club Náutico de Carrasco y Punta Gorda una reunión, supuestamente informal, a efectos de intercambiar opiniones entre los presidentes de los clubes con la dirigencia de la AUF en torno al futuro de nuestro fútbol, pero básicamente de nuestras selecciones nacionales.
La iniciativa, surgida del Presidente de Rentistas, era de por sí buena, no obstante, su puesta en práctica, su instrumentación, la hizo fracasar en su objetivo básico.
Una reunión entre «gente de fútbol», se terminó convirtiendo en una Asamblea de Clubes en un ámbito diferente al de la calle Guayabos, sede de la AUF.
Eugenio Figueredo, el más hábil dirigente de los últimos tiempos del fútbol uruguayo, y referente a nivel continental, supo una vez más, manejar en forma impecable para sus intereses la situación.
La vastedad del temario a tratar, y que suponía un «orden del día», presuponía dos opciones, o algo descafeinado, o una maratónica y anárquica lluvia de ideas surgida desde los clubes.
El presidente de la AUF se puso a cargo de la Asamblea, de la situación, y supo conducir la temática de la reunión.
¿Ganó el fútbol con las resultancias de la reunión? Nos permitimos suponer que no. También nos surge la duda si las reales soluciones del fútbol pueden pasar por este tipo de reuniones, o si aún peor, nuestro fútbol tiene solución.
Muchas veces comprobamos cómo la dirigencia clubista habla de los problemas del fútbol uruguayo como algo que les es ajeno. Niegan sus cuotas partes de responsabilidad en la génesis de los inconvenientes que sufre nuestro principal deporte, y esa es la gran mentira en la que viven.
Los clubes del fútbol uruguayo están tomando su propia medicina, y se están envenenando. El General Artigas decía que «nada debemos esperar sino de nosotros mismos».
Los dirigentes clubistas del fútbol uruguayo deberían ponerla en práctica, y comenzar, de a poco y ordenadamente, a terminar con su dependencia con Casal.
Luego, erradicar esa permanente connivencia entre los clubes de «salvar vidas» cuando hay instituciones al borde del precipicio.
El fútbol uruguayo debe sincerarse, convencerse que no existe cupo para dieciocho equipos profesionales de Primera División. De que no puede existir un régimen profesional con el ochenta por ciento de los encuentros deficitarios.
En los últimos tiempos solamente los equipos grandes (Peñarol no aceptando el paquete y Nacional vendiendo a Munúa) han pretendido, no sin dificultades, no sin «costos políticos», alterar el «status quo» en el que sobrevive nuestro principal deporte.
Deberemos estar a la expectativa, con pocas esperanzas, justo es decirlo, el devenir de la actuación de los «grupos de trabajo» a conformarse.
Lo único realmente cierto, es, que por no tener mucho para perder, pues nos estamos fagocitando, llegó el tiempo del bisturí a fondo.
Hay dos grandes caminos a elegir: o ser profesionales en serio, con limitantes a raja tabla, o «amateurizar» el fútbol.
La última es impensable porque se acaba «¿el negocio de la gallina de los huevos de oro?».
Llegó entonces el momento de ser profesionales en serio, con doce equipos en Primera División y una infraestructura que respete a los jugadores, pero por sobre todas las cosas a la afición. *
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