Roma ´60, primeros Juegos sin medallas

Luego de sesenta y cuatro años los Juegos Olímpicos vuelven a la zona del Mar Mediterráneo.

Uruguay, por primera vez desde su presencia inicial en 1924, no figura en el medallero.

El 24 de agosto de 1960, el Papa Juan XXIII recibía en el Estadio Olímpico a 5.093 atletas de 83 países lo que marcó un récord absoluto.

Más de medio mundo de ese entonces, se aglutinaba en un mosaico impresionante de creencias y estilos de vida diferentes a los cuales los unía el único hecho de la competencia olímpica.

Pero lo que caracterizó a estos Juegos fue que los mismos fueron los primeros en ser televisados para el mundo entero,.

Ya en Berlín 36 se había logrado una televisación local.

Esto llevó a la difusión masiva de la gran fiesta y sirvió de caudalosa fuente de ingresos a las arcas de las ciudades organizadoras y del COI, fuente que no ha sido interrumpida en su crecimiento.

Roma 1960 dejó a las arcas de Comité Olímpico Internacional la friolera de 1.200.000 dólares de aquella época por los derechos de televisación; hoy sobrepasa los mil millones por todo concepto.

Aparece la «plaga» del dopaje

Con referencia a la parte deportiva, el lamentable «dopping» cobró su primera víctima en unos Juegos Olímpicos, el ciclista de Dinamarca Knud Enemark, iniciándose allí las rígidas medidas que aplicaría en más el COI para combatir las drogas. En el aspecto competitivo, se destacó el boxeador negro norteamericano de solo 18 años, Cassius Marcellus Clay (luego Mohamed Ali, innumerables veces campeón del mundo), el fondista africano de Etiopía Abebe Bikila, que ganó en forma brillante y sorprendente en el maratón corriendo descalzo y la atleta norteamericana Wilma Rudolf, quien con 20 años de edad se convirtió en el objetivo máximo de todos los medios de comunicación de Roma 60, al ganar tres medallas de oro en 100, 200 y el equipo de relevos en 4 x 100 metros. *

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