Viejo Wanderers
Cuando paraba en el bar Ibérico de Tapes y Agraciada, dos por tres llegaba un veterano trepando la subida de la avenida mencionada desde la vieja sede bohemia y decía: «el que no quiere al ‘Guander’, no quiere a la madre». Y es verdad, al bohemio más allá de las simpatías por cualquier camiseta, es un equipo respetado y querido.
El viejo instituto logró la mitad del ansiado pasaje para retornar ese niño, Daniel Carreño. Un ganador, un muchacho que fue a Europa, a Francia, y cumplió grandes gestiones junto a Venancio Ramos en el Racing de Lens. Daniel no fue sólo a jugar a Europa, también aprendió, se preocupó de ver todo lo que se podía trasladar a nuestro tercer mundo. La organización que tiene hoy Wanderers, se debe en mucho a la observación y a las vivencias del novel entrenador en tierras francesas.
Bien por la directiva de Wanderers, que primero miró en casa y dijo éste es el hombre, Carreño, entrenador de la cuarta división bohemia. Antes de salir a buscar afuera los presididos por Walter Devoto, buscaron un entrenador con identidad wanderista. Eso es muy importante. Además los del Parque Viera saben lo que es padecer muchos años en la B, eso les pasó desde el 65 al 72, hasta se tuvo que mudar a Las Piedras para retornar a primera. Después de aquel ascenso vinieron años de bonanza económica, veintiséis años con títulos como los del 87, campeones del Competencia y de la Liguilla de la mano de Gregorio Pérez, con grandes jugadores que salieron de su cantera.
Por eso en esta oportunidad no se quiere repetir aquello que fue desde el 65 al 72 y ya a dos años del maldito descenso quiere volver.
Inteligente Carreño
Más allá de contar con buenos jugadores abajo en el club y algunos que llevan años en primera, al caso los Ramírez por ejemplo, Carreño buscó armar la columna vertebral con jugadores de experiencia.
Hizo contratar un campeón mundial como Santiago Ostolazza, viejo compañero en Nacional en el 88, cuando los tricolores ganaron todo. Ostolazza es un profesional en todo el sentido de la palabra, al igual que con el otro vasco, Aguirregaray, no existe la cédula y es el espejo que siempre necesita un plantel joven como el bohemio. También fue a buscar a «Pelé» De Souza, gran jugador, completo, goleador y también de probada profesionalidad. Cuando un jugador llega a los treinta y pico largos, se debe a sus cuidados profesionales. De Souza es un aporte trascendente para el equipo de Carreño. A estos dos, les agregó a Alejandro Larrea, de largo recorrido internacional por las canchas de América.
Con esa base, más los muchachos ya conocidos por el técnico, Wanderers se aseguró por lo menos estar en las finales del campeonato. Por supuesto que los albinegros intentarán repetir el plato, para volver a primera rápidamente.
Salud viejo Wanderers, primera ya está un poco más cerca.
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