JUEGOS OLIMPICOS DE SYDNEY

Los secretos de la llama olímpica

La llama olímpica está siempre rodeada de leyendas, pero en este caso la que tendrá un papel estelar en la ceremonia inaugural de Sydney 2000, en setiembre, oculta algunas realidades poco relacionadas con la mística del símbolo olímpico.

Los medios internacionales acordaron esconder el hecho de que la antorcha en forma de plátano de Sydney no fue encendida por los rayos de sol, sino por un encendedor de repuesto el día previo.

La charada ha continuado desde entonces ocultando pequeños datos. Los espectadores de todo el mundo escucharon que la llama sagrada tocó por primera vez suelo australiano en Uluru, la gigantesca roca rosa que se eleva en el interior del continente. Y también se dijo que el gobernador general encendió la primera antorcha en suelo australiano.

Datos erróneos

Ninguno de estos datos era cierto: el avión que portaba la llama repostó en secreto en la isla Norfolk, y el primer portador de la llama no fue su excelencia sir Willam Deane, sino un anónimo miembro del Comité Organizador de los Juegos de Sydney.

Cuando Australia recibió por primera vez la llama, en los Juegos de Melbourne de 1956, ésta corrió día y noche desde su llegada en Cairns hasta que el atleta Ron Clarke subió los peldaños del estadio olímpico para encender el pebetero.

Esta vez, aunque está prevista la ayuda de más de 11.000 relevistas, la llama hará trechos en avión, barco y tren en lugar de ser transportada por corredores todo el camino. Cada relevo se reduce a 500 metros y sólo durante el día.

Fuego cubierto

En la imagen ideal del recorrido, se piensa en una antorcha, un corredor y una carretera. Hoy, sin embargo, es difícil ver cualquiera de esos elementos. Hay un corredor, pero también corredores de escolta. Les flanquean oficiales de policía. Alrededor hay motociclistas, coches patrulla y una ambulancia. Con la cantidad de luces que generan entre todos es difícil ver la llama.

El comité organizador de Sydney prometió que sus Juegos serían respetuosos con el entorno. ¿Cómo puede compaginarse esa intención con la presencia de un convoy de 50 vehículos quemando petróleo durante 27.000 kilómetros? No hay problema. Como ha señalado un portavoz del comité organizador, las 12.200 antorchas que llevarán a cabo los relevos usan un gas que mezcla butano y propano en una combinación no agresiva para el ambiente. «Recuerden, somos los Juegos Verdes», concluye.

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