Cerrito vivió su día soñado
El Club Sportivo Cerrito vivió ayer el día más importante de su historia, al ganar su primer partido oficial jugado en el Estadio Centenario en Primera División, convirtiéndose en el protagonista excluyente de la jornada futbolera. Los seguidores del equipo auriverde celebraron hasta altas horas de la madrugada la victoria conseguida ante los tricolores, que les permitió cumplir con su día soñado.
La institución del barrio Cerrito de la Victoria, fundada el 28 de octubre de 1929 (cumplirá setenta y cinco años), logró a finales del año pasado por primera vez en su historia el ascenso a la divisional mayor del fútbol uruguayo, marcando la página más célebre de su extensa historia, en la que incluso participaron entre equipos amateurs durante mucho tiempo.
Lo que ninguno de sus seguidores pensaba, era que su «bautismo» en Primera División lo iban a cumplir con una espectacular campaña, en la que tras empatar en la primera fecha ante uno de sus rivales de toda la vida (Rentistas) sumarían cuatro victorias consecutivas, que lo pusieron como líder solitario del Torneo Clasificatorio, por delante de Danubio y ambos equipos grandes.
El gran desafío para los dirigidos por Raúl Moller era su primer partido en el Monumento Histórico del Fútbol Mundial, nada menos que ante un Nacional entonado por su clasificación en la Copa Libertadores, por lo que sus hinchas se propusieron colmar la Tribuna Amsterdam, en actitud visiblemente simbólica, ya que esa tribuna fue propiedad siempre de los equipos «grandes».
La locura se instaló cuando Mauricio Pérez anotó el tanto, y prosiguió hasta el final de la brega, cuando los futbolistas auriverdes celebraron el triunfo frente a sus fieles, cerca del foso de la Tribuna Amsterdam.
Luego de acabado el festejo en el Centenario, una ruidosa caravana marchó hasta la sede del club, donde los festejos se extendieron durante varias horas.
En el Estadio, el carnaval había comenzado con la actuación del conjunto musical Bafo da Onça, que interpretó como es su costumbre ritmos brasileños, lo que hizo flamear permanentemente las enseñas amarillas y verdes, las mismas que luce la camiseta de la selección del país norteño. El espectáculo brindado por la orquesta del «Cheche» Frost fue espectacular en cuanto a su calidad sonora, por la potencia y fidelidad de sus equipos de amplificación. Mientras muchos acompañaron bailando en el lugar los temas del «Bafo», causaron sensación los populares «mulatas de fuego», tradicionales bailarinas del grupo.
Nacional vivió una jornada sumamente amarga, pues independientemente del resultado deportivo, la noticia del fallecimiento de Natalia Revelez (hija del ex campeón del mundo y actual entrenador de juveniles) golpeó duro entre sus conocidos. debido al fallecimiento de la joven se realizó un minuto de silencio, aunque el equipo no lució el tradicional brazalete negro, aparentemente por solicitud de Felipe, que quiso que el hecho pasara lo más inadvertido posible.
Por fin, como lo pedían sus fanáticos, Ostolaza hizo ingresar en el cotejo a Ruben Sosa, justamente en el día de su cumpleaños número treinta y ocho. El «Principito» puso a su equipo cerca del gol varias veces apenas ingresó, pero a los pocos minutos llegó el gol rival, luego de lo cual se lo vio nervioso y discutiendo varias veces con el juez Viera, con quien ya han tenido encontronazos en otros momentos.
Entre los jugadores, el ausente en la víspera Federico Rariz integró el año pasado el equipo de Moller, mientras que el técnico «verdeamarelho» tuvo un recordado pasaje como zaguero de los del Parque Central. También jugaron en Cerrito varios hijos de ex tricolores: el propio Moller, Alberto Acosta (su padre es el «Beto»), Danilo Rivero (hijo de Saúl), y Martín Trueba (hijo de Walter, antiguo jugador de Nacional y Danubio.) Por último, en cuanto a historias comunes, vale recordar que ambos técnicos, Santiago Ostolaza y Raúl Moller, nacieron en la misma ciudad, Dolores.
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