Maradona mejora pero sigue entre la vida y la muerte
BUENOS AIRES (AFP) – El estado de salud de Diego Maradona, uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos, mejoró ayer pero aún se debate entre la vida y la muerte, a los 43 años, conectado a un respirador artificial, a raíz de una infección pulmonar que afectó su corazón, según los médicos.
«La evolución hemodinámica ha sido satisfactoria, con normalización sostenida en la presión arterial y buena diuresis, bajo drogas intrópicas. Los estudios cardiológicos muestran funcionalidad cardíaca aceptable», se indicó textualmente en el único parte médico del día de la Clínica Suizo-Argentina.
Maradona, hospitalizado de urgencia en la Clínica el domingo, sufrió «una infección pulmonar bilateral» que derivó en un cuadro cardíaco, pero «su corazón no ha sufrido un daño mayor al preexistente», reveló en rueda de prensa el médico personal del ex capitán de la selección, Alfredo Cahe.
El médico desmintió enérgicamente que el ex jugador haya ingerido una sobredosis de drogas y negó que esté consumiendo cocaína, antes de aclarar que lo tuvo bajo control estricto, incluso en la medicación, desde que volvió a Buenos Aires el 22 de marzo último.
El informe del sanatorio agregó que Maradona «continúa con asistencia respiratoria mecánica y las imágenes son compatibles con una neumonía aspirativa».
Al principio de la declaración, la institución pidió, a raíz de una demanda de la familia de Maradona, «que se trate con la máxima seriedad el tema, atendiendo exclusivamente a lo informado por los médicos».
El presidente Néstor Kirchner se interesó ayer por la salud del ídolo del fútbol argentino, mediante una llamada telefónica del vocero Miguel Núñez con su ex mujer, Claudia Villafañe, a quien transmitió que el jefe de Estado se pone «a disposición para lo que sea necesario. Su situación anoche (el domingo) fue crítica. Pero su corazón no sufrió un daño mayor al preexistente, aunque hubo elementos, como la infección pulmonar bilateral que le complicó la salud», dijo Cahe.
Al negar que la crisis del ex jugador haya sido consecuencia del consuno de estupefacientes, pidió que «no digan más estupideces. Diego no estuvo consumiendo cocaína en los últimos tiempos ya que controló su adicción con fuerza de voluntad», dijo Cahe.
El paciente pasó la noche sólo, tranquilizado con sedantes, entubado a los sistemas de asistencia mecánica, mientras decenas de sus seguidores montaron vigilia, luego de pegar en las paredes del sanatorio carteles con leyendas que le piden «fuerza y aguante».
La mañana de ayer volvieron al sanatorio su ex mujer, Claudia Villafañe, y las dos hijas adolescentes, Dalma y Gianina, quienes ingresaron por puertas laterales desde edificios aledaños, para evitar a las decenas de periodistas que montan guardia desde el domingo.
Cahe narró que el ex jugador que ganó el campeonato Mundial de México 1986 estaba en una localidad de la provincia de Buenos Aires, donde «se enfrió porque se quedó jugando al golf hasta tarde. El domingo, Maradona tuvo vómitos, fiebre y naúseas y decidí la internación», dijo el médico, que dejó el diagnóstico y el seguimiento de la salud de su paciente a los médicos de la Clínica Suizo-Argentina.
Otro médico, Frank Torres, quien lo atendió cuando tuvo un infarto en enero de 2000 en el balneario uruguayo de Punta del Este, señaló a la radio América que esta situación «es más grave» que aquella.
«Diego es muy fuerte y va a responder al tratamiento antibiótico por su afección pulmonar. El último ecocardiograma demostró que mejoró mucho, pues tiene una alteración, pero que no dañó más su corazón», dijo por su parte Cahe.
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